(Una actividad de autoregulación emocional para el aula de piano, escrito hace varios años)
Es una frase romántica, entendida como expresada dentro del contexto del Romanticismo. Evidentemente, hemos evolucionado mucho en el interregno desde el XIX para llegar al XXI hasta el punto que podríamos plantearnos su veracidad. Esa frase tuvo su sentido en su momento social y cultural. Ahora el enfoque quizá es más holístico y se parte más de la experiencia sensorial y corporal para acceder al mundo emocional.
Durante el curso pasado trabajé con un grupo reducido de alumn@s (diez) en la asignatura de conjunto (aproximadamente doce años de media) y practicamente en todas las sesiones hicimos alguna práctica de introspección con apoyo de instrucciones con las que los guiaba y a veces música improvisada para la ocasión:
-relajación mental,
-respiración,
-concentración,
-relajación muscular progresiva (Jacobson)
El fin era mejorar los procesos de atención y de autopercepción. Era un momento crucial puesto que todos estos alumnos debían "enfrentarse a" (y no me gusta esta palabra, así que la transformo en: abordar, y como tampoco me convence la derivo a: vivenciar) una prueba de paso de grado obligatoria en la que había observado que las notas en una prueba específica, la de primera vista, eran en general muy bajas. En esta prueba se pide que se interprete una obra que no conocen con un tiempo muy limitado de preparación. Suele producir estados similares a la ansiedad que les impide rendir como pueden hacerlo habitualmente fuera de este contexto. Los resultados de la prueba de acceso fueron satisfactorios.
Este año sigo trabajando en esta línea, aunque no llevo esa asignatura, sí llevo varios de los alumn@s que estuvieron presentes y estoy yendo un paso más allá en el trabajo del control emocional. Esta semana en concreto he querido hacer mucho hincapié en clase en las estrategias de autocontrol de manera que les he realizado preguntas a los alumnos del tipo:
-"¿qué sucede en tu cuerpo cuando tocas x obra?"
-"¿qué sucede en tu mente mientras estás tocando?"
-"¿qué mensaje te das a tí mismo cuando estás estudiando?"
-"¿respiras acompasadamente con la obra?"
-"¿disfrutas mientras tocas?"
-"¿esta obra qué te hace sentir?"
-"¿qué emoción concreta sientes que refleja esta obra o este momento?"
Las respuestas a estas cuestiones van en la dirección de:
- algunos de ellos, de carácter más racional, les cuesta verbalizar las emociones
- otros son capaces de describir los mensajes que su mente les manda
- otros sienten algún tipo de respuesta somática (algo de tensión residual en la mandíbula, por ejemplo o en alguna parte de su aparato braquial)
Me ha parecido muy interesante la vinculación del carácter o temperamento con respuestas de autocontrol más pasivas y los más extrovertidos con respuestas más activas, para ayudar a los alumnos con estas tendencias a ofrecerles unas estrategias u otras.
Esta semana he querido hacerles más conscientes de sus estados emocionales y he analizado con ellos las obras de manera que observaran que en la música se produce una especie de "imitación" de paisajes emocionales reales, es decir, la música, al ser un reflejo de la psicología humana, puede servir para hacer una correlación entre los estados anímicos humanos y los que aparecen en las obras.
Para ello he tenido que "polarizar" los elementos musicales, separarlos, hacerles ver y sentir los "contrastes" que en ella suelen darse:
-Música rápida (o partes, pasajes o zonas de las composiciones que las tienen) versus música lenta (DURACIÓN)
-Música aguda (o partes, pasajes o zonas de las composiciones que así sean) versus música grave (TONO)
-Música fuerte (símile) versus música suave (INTENSIDAD)
-Sin pedal derecho versus con pedal/staccato versus legato (no exactamente pero vinculable al TIMBRE)
Se trata de que identifiquen cómo ciertos elementos musicales producen emociones concretas. Todos los descritos a la izquierda de las anteriores frases suele identificarse con estados más "tensos, alegres, intensos" y viceversa. Por algo, por poner un ejemplo esclarecedor, un despertador produce un sonido (por no llamarlo ruido
) de notas agudas, fuertes, repetidas rápidamente y notas separadas frente a un rumor grave, lento, suave y de timbre dulce, que no despertaría ni al más sensible de los insomnes
)
Les he pedido que esta semana se concentren especialmente en su respiración, en qué momentos del compás inspiran y en cuales espiran y si pueden vincular su respiración con el fraseo musical. También que se fijen en si su torso está estático o en movimiento y si hay movimiento si está en relación con lo que sucede en las obras, es decir, movimientos más rápidos o lentos, más hacia adelante o hacia atrás en función del momento más o menos expresivo.
Hay que señalar que, en general, lo que diferencia la mera reproducción o ejecución de la verdadera interpretación artística está en la aportación del músico ya que no todo nos ha llegado escrito. Como dice el compositor Mahler "todo está escrito en la partitura, menos lo esencial". Justo lo esencial es lo que provoca la diferencia, lo que da sentido al hecho artístico. Creo que esta actividad de prestar atención a los elementos musicales y relacionarlos con las sensaciones internas les hará poco a poco más conscientes de sus propias maneras de encauzar sus emociones, en tanto vayan asentando esta práctica, interiorizándola (he leído que hace falta al menos unas tres semanas para observarse una confirmación de huella neuronal duradera, lo que vendría a ser un aprendizaje real). He observado asimismo que el hecho de "repreguntar", de incidir más sobre cómo sienten la obra, cómo la perciben a nivel emocional suele descubrirles aspectos interpretativos nuevos (musicalmente hablando), es decir, preguntándose más a fondo sobre aspectos de la partitura descubren posibilidades de interpretación que estaban ahí pero pasaban desapercibidas en un primer momento.
Creo que tocar el piano es profundizar en las entrañas del sonido y las emociones que nos provoca. Sin preguntarse por cómo se entretejen las obras, cómo son, mediante el análisis, difícilmente pueden verterse a los demás esos mundos interiores del pasado que nos han llegado en forma de partitura. Por tanto, me atrevo a contradecir a Wackenroder y a afirmar "al corazón se puede acercar mediante el análisis y el razonamiento", si por corazón entendemos lo que sucede en nuestra mente musical, y si por análisis entendemos la duda constante en la búsqueda del conocimiento, y en este momento de la evolución de mis alumnos es básico que profundicen en su propia autorregulación en aras de poder usar sus propias emociones en beneficio propio (la música aporta crecimiento emocional/intelectual) y de los demás, pues os oyentes reciben parte de sus beneficios (siempre será mejor estudiar un instrumento que escucharlo sólo, pues el intérprete realiza ambas actividades). La actividad simplemente ha servido de empuje, incitación, empuje o estímulo, está todo dentro de ell@s, sólo deben dejarse llevar hacia el interior por la corriente de autoconocimiento. En la propia clase ya observaba mejoría por la mayor concentración (mirada) y en el resultado sonoro producido al interiorizar algo más del estado emocional que parecía transmitir la obra (quizá el mismo que espoleó al compositor/a a reflejarla en papel). Seguimos buceando preguntándonos: "¿corazón (musical o no), cómo eres?", seguido de: ¿qué puedo hacer (análisis/razonamiento) para interpretarte (regularme) mejor?"
