Fantasía Baetica (Bætica), de Falla, por Agustín Manuel Martínez

  La Fantasía Baética es, en palabras del propio compositor, la única obra "escrita por mí con intencions puramente pianísticas en lo que a su técnica instrumental se refiere. Otra cosa: el título de Baética no tiene ninguna especificación especialmente sevillana. Con él sólo he pretendido rendir un homenaje a nuestra raza latina-andaluza". Baética aludiría pues a la región romana que abarcaba el sur de España. 

  Fue compuesta en 1919 y estrenada por Arthur Rubinstein en Nueva York al año siguiente. Rubinstein la interpretó varias veces hasta 1926 (en Cádiz), abandonándola entonces manifestando su no comprensión de la misma.

   Obra de grandes proporciones, no sólo en cuanto a su duración se refiere sino en cuanto a su concepción musical y técnica también, siendo un verdadero compendio en este último campo: glissandi, notas repetidas, trinos, técnica polifónica, superposiciones, cruzamientos, escalas, arpegios, variedad de géneros de toque, riqueza de planos dinámicos, etc... la hacen junto a su grandeza expresiva y su dramatismo una de las obras que mejor captan las hondas entrañas musicales de Andalucía.
   (Calle gaditana) Obsérvese cómo está escrito mal el nombre. Falla prefería la denominación con el diptongo "Baetica" latino, es decir, æ)

   Como elementos formales básicos citaré la alternancia entre la danza y la copla del cantaor, con sus arrebatados ornamentos; como factor de contraste a gran escala, la inclusión de un intermezzo central a modo de plácida recreación antes de la brusca reexposición, y un tratamiento de la armonía bastante avanzado, abundando los acordes disonantes en aras de crear tensión.

   Melódicamente se podría afirmar que la obra es un continuo arabesco sobre sencillos patrones, verdaderos lamentos "melismáticos", motivos ascendentes y descendentes que son como "oleadas" sonoras. Rítmicamente sobresale entre todas sus obras.

   Nos dejaremos llevar seguramente por sus taconeos en staccato, sus breves esquemas repetidos varias veces, sus continuos cambios de compás y tempo, su vitalidad contagiosa, en definitiva. En cuanto a su textura destacaría la alternancia de técnicas de punteado y de rasgueado guitarrísticos, trémolos combinados con melodías sinuosas en los bajos.













(Placa conmemorativa en la casa natal de Manuel de Falla en Cádiz)
© Agustín Manuel Martínez

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