5/10/17

De inteligencia emocional, I

Pascal: "el corazón tiene razones que la razón no conoce".

Esta cita podría ser un interesante punto de partida para este texto en el que indagaré sobre esta más atrayente temática, aunque lo haga someramente, bucearé, aunque aún con tubo de respiración, no tan profundamente como si tuviera una bombona de oxígeno (espero y deseo obtenerla poco a poco con la constancia en la auto-percepción).
La inteligencia emocional es, gracias a las investigaciones de los pioneros de este concepto y campo de estudio, Salovey y Mayer, 1990, un conjunto especifico de capacidades: percibir sentimientos propios y ajenos, distinguirlos y servirse de esta información para guiar el pensamiento y la conducta personal. Mi opinión es que, aunque sea un "constructo hipotético", como afirman Bizquerra y Pérez (2007) y como tal es una entidad de compleja definición, se intuye su existencia, día a día sentimos nuestra propia corriente de actividad mental, pero cuesta identificarla, ser conscientes de ella. Me recuerda un curso que hice de mindfullness en el que tomé mucha "presencia", autoconocimiento, simplemente atendiendo al aquí y ahora, al cómo siento mi vida, cómo la percibo, simplemente creando un observador sobre quien observa, yo mismo. El yo que construye otro yo que mira a sí mismo.

Se describen cuatro grandes aptitudes relacionadas:

-percibirlas. Es el primer paso, no se puede operar sobre lo que no se tiene conciencia, sobre aquello que está pero jamás se le prestó atención.

-encauzarlas, utilizarlas, aprovecharlas para facilitar procesos cognitivos. En todo puede haber un lado pragmático, darle un uso específico que mejore la existencia.

-comprenderlas, (relacionada con la inteligencia llamada "estratégica") saber sobre sus transiciones y ponerle nombre. Una vez percibidas y vista la conveniencia de su uso poder tener mayor grado de sutileza a la hora de discriminar entre las distintas emociones.

-controlarlas, por orden, el broche final, si se puede percibir con nitidez, utilizarlas en propio provecho y para los demás, comprenderlas con justeza, exactitud, con verdadera maestría, llegamos al "premio": hasta poder revertir "hábitos emocionales" (permítaseme la expresión, por favor) negativos o perjudiciales para cada uno.

Se han creado diversos tests, unos, por ejemplo de tipo "mixto", que se ocupan más de medir la personalidad a nivel emocional (Cooper-Sawaff y Coleman), y otro más centrado en las habilidades, en cómo se capta y utilizan las emociones en el aprendizaje (Salovey-Mayer, el famoso MSCEIT, iniciales de los citados Mayer, Salovey, Caruso, Emotional, Intelligence, Test). Hay que señalar que éste test consigue medir lo que pretende medir "en general", es decir, siempre hay un margen relativo a que en cada cultura encontramos especificidades, particularidades o diferencias de interpretar y encauzar información emocional.

En 1995 salió al mercado un libro archiconocido, "Inteligencia Emocional" de Goleman, en cuya portada se podía entender una especie de advertencia a la humanidad: para cada persona sería más importante desarrollar su cociente emocional que su cociente intelectual, ya que sería mejor predictor del éxito futuro de una persona.

Enlace a segunda parte.