2/6/14

Cuando un rey MUSICAL abdica

Siempre me gustó la imagen que me transmitió un profesor hace décadas de la tonalidad musical como una especie de monarquía en la que había unos acordes musicales más importantes que otros. El rey sería la tónica, la dominante la reina, quizá quien más peso tiene en el sistema musical pues deviene el motor, quien genera el contraste y el movimiento musical, la direccionalidad. Así, habría acordes muy alejados del rey, como podrían ser el segundo grado rebajado, por ejemplo, y hasta antagonistas...

En este sistema de súbditos sonoros (que no ciudadanos) y casta que pretende dominar hay varios caminos opuestos, quedarse estable, es decir, no traspasar el "centro" tonal, -no me resisto a hacer la broma de nombrarle el "cetro" ;) o como mucho hacer meros viajes insustanciales, no transcendentes, como las llamadas modulaciones introtonales, simples paseos por los grados sin implicaciones, o bien también temporales cesiones de su poder a otros grados, como podrían ser las enfatizaciones, o, bien preparadas y más duraderas, cesiones más largas, en las que la tónica pasa a ser otra, las "vicetónicas" podríamos llamarlas :)

La música, como la vida, hay que enfocarla con amplitud de miras, pues es multiforme y proteica. Si es cierto que la tonalidad es el conjunto de relaciones entre los sonidos, y, léase bien, relaciones en plural, muchas posibles, unas ordenaciones entre los sonidos, pero dentro de un único sistema, no olvido la frase del compositor Luis de Pablo: "Ordenemos el universo sonoro, aun sabiendo que tal orden puede ser perecedero, provisional y falible". Es decir, es uno entre todos los posibles, pues, aunque es psicológicamente deseable el orden, la estabilidad, también es cierto que un exceso de orden, rigidez o la monotonía en cuanto a lenguajes o sistemas musicales puede ser poco beneficiosa para la música. 

Hay otros sistemas posibles. La denominada "práctica común de la armonía", aproximadamente de 1600 a 1900 lo que enseña es precisamente eso, que hubo otras posibilidades maravillosas, como el sistema multimodal anterior o la eclosión de sistemas armónicos posterior. No hay porqué realizar música exclusiva e infinitamente con doce sonidos. Como muestra las regiones que en la actualidad utilizan menos y más de este número...

Así, nos encontramos con estilos musicales en los que cada sonido, cada nota y cada acorde tiene más que aportar y se le intenta escuchar en igualdad de condiciones (caso del dodecafonismo, por ejemplo)...

Como músicos creativos, con amplitud de miras, inteligentes, innovadores, actuales y abiertos que somos debemos plantearnos hasta qué punto pertenecer a la lógica interna de un sistema no nos priva de encontrar, descubrir y disfrutar de las maravillas de las otras "ordenaciones" como aludía el compositor español moderno anteriormente mencionado...

Podemos emplear otros modos de organización sonora, donde cada acorde tenga sentido por su propio color, su intrínseca especifidad, su idiosincracia particular y única y no por su lugar (que ellos no han decidido) dentro de una jerarquía predeterminada. Terminó hace más de un siglo la época en que los acordes se justificaban por la función. 

Estamos en el inicio de una nueva era musical en la que el color propio es suficiente para justificar otro modo de relacionarse armónicamente. No conocer cómo sabe el azúcar porque nunca fue probada no le quita dulzor! Os animo a probar a improvisar música en otros sistemas!!