13/4/14

El pianista que esperó sentado

Pasaba la vida. Tocaba bien. Muchos decían que era "el mejor", si se puede serlo en un campo artístico... Esperaba. Creía que los demás, además de su madre, vendrían a reconocer su talento. 

Esperaba sentado, como la expresión acuñada indica, y lo hacía efectivamente sentado en su banqueta. Estudiaba muchísimo, muchos decían que demasiado.

Ahí estaba su miopía para dar fe, sus cincuenta años de dedicación, es decir, treinta mil horas más de las diez mil necesarias para ser un gran profesional. 

No era proactivo. Seguía esperando. Realmente creía que alguien más que su familia le llamaría. Realmente confiaba que algún día llegaría esa petición que cambiaría su vida.

Le queda un mes más de vida. Él no lo sabe. La vida pasa como una cerilla ardiente y sólo la sientes si te quemas mucho. Sabes en su mirada que espera que llegue, cual maná, alguien de fuera de su entorno que le diga "te escucho". 

Y un día antes de morir recordó aquellos primeros "mama, mírame!"