22/2/14

Hablando de... Chopin


Abro una nueva sección en la que comentaré obras especiales de piano, obras muy didácticas y obras maravillosas, sencillamente. Hablar de música es como bailar de arquitectura, difícil, si no imposible. Intentaré daros aquí mi "visión" del sonido de unas obras maestras, transmitiros lo que para mí suponen...

Hoy he escogido el nocturno en do sostenido menor, op. posth. de Chopin. Hace trío junto con su hermano en do menor (mucho más sencillo, concretamente la primera obra de este compositor polaco que toqué, si no recuerdo mal en segundo o tercero de piano del plan antiguo), y el nocturno en mi menor, todos póstumos, pero compuestos en circunstancias disímiles.

De este nocturno hay dos ediciones, una más primitiva (quedó seguramente sin editar en vida de Chopin porque no la consideraría suficientemente importante, sino un ensayo, un comienzo, una preparación...). Una obra juvenil y rebosante de pasión y sinceridad. Un ejemplo claro de obra de los comienzos del Romanticismo.

Distinguiréis la segunda versión, la más interesante porque tiene un re sostenido en el bajo en vez de un fa sostenido (armonización más pobre la de Rameau de subdominante sin invertir), lo cual da una idea de la sensibilidad y gran oído de Chopin, cómo evolucionaba hasta llegar a las sutilezas de sus últimas obras al final de su vida. 

Para tocar esta y otras obras de Chopin "hay que tener un buen día" (o estar "en racha"). Es como Mozart, se nota mucho el estado anímico, la concentración, el tipo de ondas en que vibra tu cerebro en ese momento... Poder sentirse meditativo y al mismo tiempo anímico, con la cabeza fría y el corazón muy caliente, que no es nada fácil, es una condición imprescindible para tener un "buen día Chopin"... Es mi sensación. Creo que no todos los días puedo interpretarlo igual y los días muy buenos son muy pocos, por eso los aprovecho y toco todo lo que puedo esos días de él, a veces les doy "la integral" a mis vecinos :)


Cantar los trinos bien, sentir la heterofonía en los pulgares de la mano izquierda, cual contracantos o diálogo mujer-hombre, contrastar bien la danza central, no apresurarse, ser elegante desde la misma introducción, tener un rubato natural, planos sonoros perfectos y sobre todo: saber respirar y CANTAR... Como veis, esta obra se puede tocar pronto, pero tocarla bien... Achúcarro... Arrau... en sus años de madurez... Para que me entendáis!

Me encanta el guiño que hay en la zona B, esa (auto)cita de la canción polaca "el deseo de la doncella" o "el anhelo de la muchacha" (según traducciones), obra de la que luego Liszt extrajo unas variaciones muy interesantes. Seguramente era un mensaje en clave entre músicos para su hermana a quien le mandó el nocturno por carta. 

Muy polaca la obra!