18/12/13

Storytelling: qué aprendí al dejar pasar dos increíbles pianos

En la vida hay oportunidades que sólo se presentan una, dos y a lo sumo tres veces. Mi tercera no ha llegado (aún). Son como trenes que o los coges en el momento exacto o se van para siempre. Hay que tener mucha experiencia para saber no dejarlos pasar. Os contaré mi caso y entenderéis porqué he investigado tanto después sobre el mundo del piano para saber elegir el mejor entre todos y comprar adecuadamente. 

Tendría algo de más de veinte años cuando, paseando por casualidad por un pueblo de Madrid, Brunete, una noche, con los escaparates ya en penumbra divisé lo que parecía a simple vista "el piano de Beethoven". Era en la Casa Subastas Generales Populares, C/Real de San Sebastián, 33, que desconozco si sigue activa, aunque como veis, conservo su tarjeta aún.

Me impresionó tanto aquella noche ver aquel piano visualmente espectacular que al día siguiente fui a informarme, y, efectivamente! podría haber sido un instrumento que hubiera sido tocado por Beethoven o Liszt o pertenecido a ellos pues era un soberbio Broadwood, la mejor marca de su época, de aproximadamente entre 1810 y 1840... En perfecto estado, prácticamente impecable. Sus armónicos no los he vuelto a escuchar en ningún otro instrumento en directo. Sólo le habían cambiado las cuerdas por la oxidación natural de tanto tiempo. Muy bien podía haber estado en casa de algún noble, pues era un piano de unos 220 cm, el actual 3/4, el más grande de su época y un instrumento que pocas personas podían permitirse a la sazón, y seguramente no habría tenido apenas uso y siempre habría estado en la misma estancia o con pocos translados. 

Salía a subasta pronto por unos 3000euros y conversando descubrí que muchos habitantes de ese pueblo, no muy grande, ya habían adquirido ahí su piano de segunda mano de pared. No se vendió. Nadie pujó. Asistió poca gente. Seguramente el cupo de instrumentos en dicha población estaba cubierto por eso nadie pujó (tampoco hubo mucha publicidad). Pretendí comprarlo pero no tomé la decisión de hacerlo porque estaba pagando muchos gastos (mi piano de cola Kawai, mi coche, doble alquiler del piso...) aunque ahora, una vez investigado, pues tuve el número de serie, su verdadero valor (un instrumento en torno a los cien mil euros) sé que dejé pasar la mejor inversión económica de mi vida, así como un instrumento perfecto y único, de museo!

Posteriormente dejé pasar otro porque me había comprado un clave y un clavicordio y no tenía espacio (aunque aprendí a que hubiera sido mejor alquilar un trastero a dejarlo pasar). Era un Steinway de cola, el modelo más pequeño, colín, en madera rojiza, tipo caoba, con unos veinte o treinta años de antigüedad y una sonoridad muy muy buena... Cuánto pedían, creo recordar que aproximadamente unos 6000 euros... También influyó (erróneamente) en mi decisión, que tenía un pequeño desperfecto estético en la tapa. Es mejor ser cola de león que cabeza de ratón, y este piano era un auténtico felino! :) Aprendí que lo importante es el sonido, la calidad constructiva, etc...

Después de reflexionar sobre esto y no habiendo aparecido en mi vida más ningún piano que se acercase ni de lejos a estas gangas increíbles (muchas veces hay personas que no saben lo que venden, en el caso de pianos de segunda mano hay más posibilidades de encontrar la joya de tu vida), decidí investigar sobre marcas y modelos. En próximos posts os daré consejos sobre cómo elegir pianos y una relación jerarquizada de marcas...