29/12/13

Eduardo del Pueyo/Miguel Baselga, V

Yo creo que Don Eduardo, Eduagdo para su mujer, era el equilibrio perfecto entre cartesianismo francés y arrebato hispano. Seny i rauxa que dicen los catalanes. Por una parte te incitaba a respetar la partitura pero por otra siempre dejaba una puerta abierta a la improvisación, sin tenerlo todo pensado y milimetrado “… eso es calentar recalentao”.

El día que murió, fuimos un grupo de alumnos a su casa. Recuerdo que era de noche. Lo habían tumbado en su cama. Era la primera vez en mi vida que veía un muerto. Tenía un pequeño roce entre la sien y el pómulo izquierdo. Me dijo Josette que se lo hizo al intentar levantarse del suelo, rozándose con la alfombra. Había caído fulminado por un infarto.

Al día siguiente fue el entierro en la iglesia de Rhode Saint Genèse si no recuerdo mal. Pude mantenerme sereno hasta que en la iglesia sonó el principio de la op. 111. Entonces, no sé por qué, rompí a llorar. Tenía al lado a Agustín León Ara. Me pasó la mano por el hombro y me dio un achuchón. No se lo dije en aquel momento pero lo agradecí mucho.

Unos días más tarde, ya serenado, fui a ver a Josette. Me comentó que quería ser enterrada a su lado. Fue la última vez que la vi.

Nunca más he regresado a Bruselas desde entonces. En noviembre de 2013 hará 27 años de todo aquello.