12/7/13

El músico moderno evoluciona

Muy recientemente me llevé una gran sorpresa al asistir a La Gramola, Valencia, en el barrio de Benimaclet, superdinamizado culturalmente (un lugar a añadir al post que hice sobre “dónde escuchar jazz en Valencia”, en el siguiente ENLACE).

Sorpresa porque están desarrollando un ciclo de jazz de alto nivel (os emplazo a las próximas actuaciones, los tres próximos miércoles, 17, 24 y 31 de julio a las 22,30 horas, con entrada libre: “Semilla negra”, sentimiento cubano, boleros y bossanova, Toni Belenguer y “Chamaleons”, acústico de funky jazz). El lugar es muy agradable y te atienden de manera que al segundo segundo :) te sientes casi como en casa. Sorpresa porque allí me encontré acompañando a Ester Andújar a Ricardo Belda, un referente en la música moderna valenciana.

Ester Andújar merece comentario aparte. Esta simpática, madura y camaleónica cantante (por lo polifacético de su repertorio interpretado con tanta calidad y calidez), de voz profunda y expresiva, con graves sensuales y agudos a veces rasgados, hiperdotada para el scat y la imitación de instrumentos, estaba flanqueada por el contrabajista José Luis Porras, sutil y preciso, a la par que muy musical en su labor (inolvidable e insuperable su “mano a mano” al final, un dueto en el que se retroalimentaban uno de la otra y viceversa de sus propias ideas musicales).

Para mí, como pianista, la sorpresa fue volver a escuchar en conjunción con estos dos grandes músicos (pues lo oí con muchísima atención, algo muy importante en este tipo de música moderna, además de disfrutarla sensorialmente, entender qué te aporta a nivel musical cada intérprete) al gran maestro Ricardo Belda (son ya muchos años los que llevo siguiendo su trayectoria). Puedo afirmar que Ricardo es un músico polifacético donde los haya y ejemplar en tanto que evoluciona, mejora, atina su versatilidad ya de por sí sorprendente y la enriquece concierto a concierto. Su esencia de músico del directo se aquilata día a día. Escucharle evolucionar me hizo pensar en el buen vino (siendo abstemio como soy:), sustancia que macera y mejora con el paso de los años. Ricardo es un “gran cosecha” del pianismo moderno. Los pianistas convencionales repiten fórmulas melódicas y/o armónicas manidas. Esto no sucede con nuestro músico. Cada nuevo concierto está plagado de imaginación, de un nuevo vocabulario (dentro de una “gramática” por otro lado inevitable, como es la tonalidad y sus relaciones de tensión y distensión). Aún así eludía las típicas combinaciones armónicas sorprendiendo por lo avanzado de su lenguaje, a veces rozando lo bitonal, pero siempre dentro de los límites de la percepción, de la psicología del oyente, y es que hay que conocer como músicos hasta qué punto un oyente/ser humano ;) puede reconocer, memorizar, crear expectativas, etc...). Ricardo te ofrece más en cada nuevo concierto. Este plus, ese afán de sorprender, esa creatividad sonora en acción, esa sinceridad en cada nueva propuesta es lo que le apuntala como un pianista moderno de gran talla y factura, rozando cada vez más las excelencia y previendose ya unas posibilidades impresionantes en su devenir. Hay que sumar que su dinámica cada vez es más interesante.


He querido subrayar en negrita las palabras que me parecen clave para que en los próximos conciertos los pianistas las tengan como referencias. Improvisar es precisamente eso, improvisar :) No puede haber (ni debería) dos conciertos iguales, ni parecidos lejanamente. El disfrute está garantizado cuando la música se siente y fluye, tanto por parte de los músicos (que se les veía en  sus rostros “pasarlo bomba” :) como en el público, que se entregaba ante tal derroche de música variada y tocada/cantada (pues los buenos pianistas “cantan” más que tocan).

Tanto es así que me pareció precioso ver a una nena de entre 3 y 4 años prestar atención de principio a fin en el concierto, bravo a sus padres por aficionarla tan pequeña a esta música tan maravillosa y por educarla tan bien... Donde hay música no puede haber nada malo, decía El Quijote, no sin razón, pues la educación artística es la piedra angular de la educación emocional de los países que estén en la avanzadilla. Hay que formar tanto nuevos intérpretes como nuevo público, un tándem que se necesita mutuamente. Tan atenta estaba esta infante, la “nueva hornada” de público tan necesaria para la música, que creo que no pestañeó, pues estaba a menos de un metro de mi presencia y no tuve conciencia de ella hasta que terminó la velada.  Una prueba más de lo interesante del concierto que reseño.

No olvidéis el ejemplo de Ricardo Belda, pianistas! Aprovechad las palabras que ya sabéis para combinarlas de mil maneras aún por descubrir, la música tiene ese componente de lenguaje abstracto “infinito”. Recordad, no es tan importante el cómo lo dices, que lo es, sino el qué dices. Ricardo cuando “habla” al piano, es sabio. Muchos otros pianistas se expresan con pulcritud técnica, pero su discurso está vacío y “no llega”. Es una de las grandes diferencias/ventajas de la música actual.

También fue un momento para mí especial acompañar a Ester Andújar. Sobre la marcha surgió hacer dos temas cubanos pero en el último momento decidí intentar (a partir de ahora creo que diré siempre intentar-lograr, pues cada nuevo intento siempre es un logro nuevo en sí, una manera de ver esta palabra con un cariz más positivo :) “nuevas versiones”, ya conocéis mi sentido de la creatividad; en esta ocasión se me ocurrió probar cómo sonarían en versión bossa nova (viva Brasil!:) y en tango argentino, decidiendo el tono en el mismo directo, (es divertido modular en tiempo real, no hay que tenerle miedo a encadenar acordes, ahí está la “gracia” de la música, puedes coger muchos trenes y con un poco de práctica incluso puedes estar en el la estación antes de que llegue :). La verdad es que me gustó mucho la experiencia. Me gusta hibridar. Me gusta “encontrar” lo que está ahí al alcance de todos pero sólo algunos intentan-logran :)

Ester Andújar canta con el alma y dicen que los ojos son un reflejo de ésta. Pues los ojos de Ester “comunicaban” al cantar. Ese mutuo mirarse continuo entre músicos me parece elemental cuando se hace música de cámara. Lo mejor: que era comunicación “no ensayada”, sino directa  y auténtica, fuerte, intensa, emoción concentrada... Una manera de adentrarse en la mente del otro músico...

Después, Ricardo me invitó a un concierto que también os traslado muy interesante, pues actúa este mismo sábado en el Auditorio de Benimodo, también en horario de tarde, junto con una Big Band de unos veinticinco músicos que ha  creado y un artista invitado de talla internacional.

Terminó su concierto con un simpático:

sol fa# sol la   sol     si (do)...

Dejo abierta la última nota, no quiero que cadencie nunca su música... Ricardo, es un placer escucharte, tienes mucho más que aportar y aquí tienes un oyente-escuchante que te admira y te reconoce. Viva la música viva!