13/12/12

La pianista Hisako Hiseki nos habla sobre Iberia de Isaac Albéniz

"De la Creatividad al Piano" entrevista hoy a Hisako Hiseki, pianista de renombre internacional especializada en la interpretación del repertorio español. Os recomiendo su último disco, "El Universo de la Música Española", Insitu Recordings.


¿Cómo abordaste el estudio de Iberia?
- Tengo la suerte de que por el trabajo de mi marido, que es escultor en la Sagrada Familia, estoy viviendo en Barcelona, y por eso fui a entrevistar a todas las personas que supieran algo de Albéniz. Como la mayoría de ellos eran muy mayores, pensé que si no les escuchaba en aquel momento, no podría hacerlo nunca más. Pensé que ese trabajo era mi misión. Porque yo sentía con fuerte pasión la necesidad de tener el mayor número de documentos posible para comprender la obra con más profundidad. Desde entonces recibí muchos consejos de Alicia de Larrocha y otros investigadores de su alrededor, por lo que quise ser útil para todas las personas del mundo que estudiaban esta obra, y con esa idea anoté y recopilé lo fundamental.
¿Qué aprendiste de la práctica de esta magna obra?
- Descubrí la exquisitez y grandeza, humana e imposible de reproducir con un molde, y la profundidad de la música española, que tiene un punto diferente de la otra música clásica como Beethoven o Chopin, y al mismo tiempo me obligó a explorar la capacidad expresiva.
¿Cuánto tiempo te llevó aprenderla?
- Para completar esta partitura tardé 10 años, por lo que ya hace más de 10 años y aún sigo estudiándola.
¿Cuál es tu momento favorito?
- Cuando comparto la emoción que el compositor debió de sentir y a la cual aspiraba.
¿Crees necesario conocer previamente otras obras de anteriores etapas del mismo compositor?
- Sí, evidentemente. Conocer las obras de las etapas iniciales permite conocer el núcleo, los elementos constitutivos de las obras posteriores.
¿Qué relación ves entre las Goyescas de Granados, Iberia y las Cuatro Piezas Españolas fallianas?
- Hay algunas particularidades notables en cada uno de estos compositores, pero lo que tienen en común es que respetan y valoran la música folclórica particular de España y al mismo tiempo la subliman a un ente universal, la desarrollan hasta un nivel tan alto que uno no se cansa nunca de escucharla.
¿Cuál es el orden de dificultad técnica de las piezas de Iberia a tu juicio?
- Yo creo que en todas las piezas es difícil conseguir expresarlas tal y como Albéniz deseaba. Primero, cuando ves la partitura piensas que es imposible tocarlo con tan sólo dos manos, y cuando ya consigues tocarla con cierta fluidez, te das cuenta de la dificultad de interpretarla y expresarla plenamente. Pienso que es bastante difícil expresar con el piano todos los tonos, los matices de luz, el misterio del ritmo, muy estudiado, que Albéniz buscaba, etc.
¿Cómo fue el proceso de grabación?
- Mis ideas fueron tomando forma hasta que tuvo lugar la grabación, pero a medida que ésta avanzaba mis ideas se volvían más claras y descubrí cosas nuevas, por lo que me sirvió para aprender mucho.
¿Varía tu manera de entender la suite con el tiempo?
- En la edición de la partitura dejé escrito lo fundamental. A partir de ahí, con el paso del tiempo, esta suite va tomando parte en mi vida y se va convirtiendo en “mi Iberia”.
Cuéntanos, por favor, alguna anécdota que te venga a la memoria sobre alguna interpretación en vivo de Iberia.

- En 2006, cuando interpreté la suite Iberia íntegra en Camprodon y recibí la medalla Albéniz, el nieto de Albéniz y fundador de la Fundación Albéniz, Alfonso Alzamora, tenía ya más de noventa años y por sus condiciones de salud delicadas no se supo si podría asistir al concierto hasta momentos antes de empezar el acto. El concierto comenzaba a las diez de la noche y terminaba pasadas las doce, y además aquel verano fue frío en Camprodon, por lo que dijo que quizá no podría asistir a pesar de hacerle mucha ilusión. Pero hizo un trayecto de dos horas en taxi desde Barcelona y se presentó poco antes de empezar la actuación, acompañandóle su nieto y llevando una gabardina y un bastón. Al finalizar del concierto me entregó personalmente la medalla. Ese fue su último concierto. Algunas semanas después me llamó y me regaló una foto de Albéniz enmarcada. Él pintaba por afición, y me contó que mientras pintaba siempre escuchaba mi CD.