Abrir un libro sobre la música barroca suele dar un poco de respeto… pero con este ocurre algo curioso desde la primera página. Hoy reseño una reciente publicación sobre Bach, escrita por Regino Mateo.
Hay muchos libros sobre Johann Sebastian Bach. Algunos totalmente referenciales, claro, pero también bastante densos. Textos que parecen escritos más para especialistas que para lectores con simple curiosidad musical. Y eso, al final, levanta una pequeña barrera. Lo interesante de Bach. La música infinita, de Regino Mateo, en El Desvelo Ediciones es que intenta justo lo contrario: acercarse a Bach de forma directa, sin solemnidades innecesarias y sin convertir cada capítulo en una clase de musicología pesada. Nada de esto.
El libro tiene apenas 137 páginas y se lee con una facilidad sorprendente. Recomiendo empezar justo por su biografía al final, un pequeño apéndice de dos páginas, más resumido imposible, para el lector no familizado con el devenir del gran músico alemán, donde repasar de un vistazo sus etapas clave, con las correspondientes obras asociadas casi monograficamente por géneros a los distintos destinos laborales que conquistaba.
Es ameno no porque simplifique las cosas, sino porque el tono es muy natural. Mateo mezcla biografía, contexto histórico y comentarios musicales con una especie de conversación continua. A veces parece que alguien te está contando historias sobre Bach mientras suena un preludio de fondo… sin prisa, sin necesidad de impresionar a nadie.
Y eso se nota desde el principio. El autor parte de una idea sencilla: la imagen de Bach suele ser un poco borrosa. Todo el mundo sabe que es uno de los compositores centrales de la historia de la música, pero curiosamente muchos no conocen demasiado bien su vida ni las circunstancias en las que escribió su obra. El libro se mueve precisamente en ese espacio: explicar quién era ese músico que trabajaba sin parar, rodeado de familia, iglesias, alumnos y encargos. Nos sugiere la escucha algunas obras al final de cada capítulo para sumergirse en su momento compositivo, recomendando asimismo sus intérpretes predilectos, los que han conquistado su gusto personal.
Un Bach más humano de lo que solemos imaginar
Uno de los aspectos más interesantes del libro es cómo desmonta algunas imágenes demasiado rígidas del compositor. La figura solemne del retrato oficial… ese hombre con peluca, serio, casi inmóvil, como si hubiese vivido siempre encerrado en una iglesia. Mateo insiste bastante en que esa visión es incompleta, y para ello te hace fijarte en un ínfimo rictus de su sonrisa, por ejemplo, no en contraste tampoco con su carácter fuerte y celoso defensor de la valía justa de su propia obra.
En realidad, Bach fue sobre todo un trabajador musical incansable. Alguien que escribía música constantemente porque su vida profesional lo exigía. Cantatas para cada domingo, piezas para órgano, música instrumental, encargos cortesanos… la producción es enorme y muchas veces responde simplemente a necesidades prácticas. Más trabajador que genio (ese concepto del siglo diecinueve)...
Y ahí aparece un Bach bastante distinto del cliché romántico. No tanto, como decimos, el genio aislado que escribe obras eternas en silencio, sino un músico con problemas cotidianos: cambios de empleo, discusiones con autoridades, viajes largos, alumnos que atender, hijos (muchos hijos, de hecho, hasta veinte como sabemos, de los cuales sólo le sobrevivieron la mitad…). Todo eso forma parte del retrato que el libro intenta reconstruir.
Hay momentos que se cuentan con bastante cercanía. Por ejemplo el famoso viaje que hizo a pie para escuchar a Dietrich Buxtehude en Lübeck. Una caminata larga para un músico joven que quería aprender de uno de los grandes organistas del momento. Ese tipo de episodios aparecen aquí como pequeñas escenas que ayudan a imaginar al Bach real, no solo al compositor del manual de historia.
Entre la historia y la explicación musical
Otra cosa que funciona bien es la estructura del libro. No se limita a seguir una cronología simple. A veces se detiene en periodos concretos de su vida, otras veces agrupa la música por tipos: órgano, cantatas, obras instrumentales. Esa alternancia hace que la lectura no se vuelva monótona.
Además, el autor introduce pequeñas explicaciones musicales sin que se vuelvan demasiado técnicas. Qué es una fuga, cómo funciona una cantata luterana, qué papel tenía la música en la liturgia… son aclaraciones breves que ayudan a entender mejor lo que Bach estaba haciendo.
No es un tratado académico. Más bien son píldoras musicales que aparecen cuando hacen falta. Si el texto habla de una cantata, se explica qué tipo de obra es. Si menciona la vida musical de Leipzig, se describe un poco el entorno. Todo con bastante equilibrio.
También hay un detalle interesante: Mateo intenta situar la música de Bach dentro de su tiempo. A veces olvidamos que el compositor vivía en un mundo muy concreto, marcado por la religión luterana, por las cortes alemanas y por una red bastante compleja de ciudades musicales. Nada de eso se da por supuesto aquí. En ese sentido el libro funciona casi como una especie de guía. No para especialistas, sino para lectores que quieren entender mejor cómo funcionaba la vida musical del Barroco. Y lo hace sin cargar el texto con datos innecesarios.
La presencia de Bach mucho después de Bach
Otro de los hilos del libro tiene que ver con algo bastante curioso: la forma en que la música de Bach ha seguido apareciendo en contextos inesperados. No solo en conciertos de música clásica o en conservatorios.
Mateo menciona ejemplos bastante variados. Desde intérpretes que han construido su carrera alrededor de su obra hasta adaptaciones en otros estilos. Jazz, rock, experimentos musicales (incluida la cantata "Laxatón" de Les Luthiers :) … . La idea es sencilla: la música de Bach sigue circulando por muchos sitios distintos. No se plantea como una teoría grandiosa ni nada parecido. Más bien como una observación tranquila. Algunas músicas parecen quedarse encerradas en su época. En cambio, las de Bach siguen reapareciendo en contextos distintos, a veces con resultados curiosos.
Y eso encaja bien con el tono general del libro. No intenta convencer al lector de nada. Simplemente muestra cómo esa música sigue formando parte del paisaje cultural actual. A veces en una sala de conciertos. Otras veces en grabaciones modernas, adaptaciones o referencias inesperadas. Aunque queda clara su marcada predilección por las versiones historicistas (que yo también secundo parcialmente, o como dice el autor, "soy parte de esa secta" -interpretativa- se entiende;). Por eso y dada la cercanía, me sumo a su sugerencia de escuchar cada Viernes Santo (el de este año está tan próximo ya) una versión de la Pasión según San Mateo, en este caso en la que es su versión predilecta, según confiesa, la de Gustav Leondhart:
Esa parte final también tiene un aire un poco más reflexivo… pero sin ponerse solemne. Más bien como cuando alguien comenta después de escuchar una obra: “es curioso que esto siga sonando tan natural tres siglos después”.
Hay libros que hablan de Bach como si fuese una estatua. Este no. Aquí aparece como un músico en movimiento, alguien que vivió dentro de un mundo muy concreto pero cuya música sigue circulando de formas bastante variadas. Quizá por eso la lectura termina con una sensación curiosa. No de haber terminado una gran biografía definitiva, sino de haber pasado unas horas escuchando historias sobre Bach. Algunas conocidas, otras menos… todas contadas con bastante cercanía. Y a veces eso es justo lo que hace falta para volver a escuchar su música con otros oídos.
