Hace tiempo que no leo algo donde la música se cruza con la ciencia de una manera tan digerible: "La lira desafinada de Pitágoras". Este libro no es una típica guía de música ni un tratado técnico lleno de fórmulas indescifrables…
Si te gusta la idea de ver qué tienen que ver números y música, o te has preguntado por qué ciertas combinaciones de notas nos parecen “agradables”, La lira desafinada de Pitágoras te pone frente a eso sin empujones pedantes. ¡Es divertidísimo!
La autora, Almudena Martín Castro, se mete en terrenos que cruzan ciencia, historia y música con una mezcla casual, a ratos casi como si te contara historias en un ambiente distendido.
¿Habías oído hablar del tono Shepard?
¿O de las mareas "armónicas"?
¿Conocías el teclado de 36 notas por octava, el archicembalo?
Todas estas curiosidades y muchas más aparecen en esta obra. Si abrimos La lira desafinada de Pitágoras. Cómo la música inspiró a la ciencia para entender el mundo, de Almudena Martín Castro, lo que tienes entre manos no es una simple historia de música ni un tratado matemático hermético, sino una mezcla estructurada de historia, física, matemáticas y estética sonora que intenta mostrar por qué tantas mentes curiosas se dieron cabezazos (figuradamente) contra fenómenos que hoy llamamos armonía y proporción.
¿Qué vas a encontrar dentro del libro?
Arranca con Pitágoras y sus observaciones sobre cómo ciertas relaciones entre las cuerdas producían sonidos que a él le sonaban bien (“consonantes”, para hablar en plata)... Esa relación «números sencillos = sonidos agradables» plantó una semilla: la música podía ser una llave para entender algo más profundo sobre el orden del mundo.
Esa curiosidad sobre cuerdas, números y sensaciones abre la puerta a explorar cómo a lo largo de la historia otras mentes curiosas —como las de Newton, Kepler o Galileo— han cruzado música y ciencia.
No esperes textos secos: hay historias de melodías antiguas (sí, hasta mesopotámicas), acontecimientos raros sobre armonías que se asociaron con ideas supersticiosas (el famoso diabolus in musica), o ritmos ligados a fenómenos curiosos (como ritmos entre la Tierra y la Luna).
Música y ciencia
El enfoque más interesante del libro es cómo se van cruzando dos mundos que parecen distintos, pero no lo son tanto cuando te pones a pensar: la música no está solo en el pentagrama, sino también en proporciones, en patrones y en cómo nuestro cerebro procesa sonido y número. Eso hace que no sea necesario tener formación en física ni ser músico pro para seguir la lectura.
El libro hace un recorrido histórico: empiezas con las ideas musicales de la antigüedad y vas viendo cómo esas mismas relaciones simples entre números terminaron teniendo eco en teorías científicas y en algunos hitos del pensamiento humano (incluso en conceptos que a primera vista no parecen relacionados con la música), ¿no es curioso?.
Por ejemplo, el libro detalla cómo en la Edad Media la música se consideraba parte de las matemáticas del quadrivium, junto con geometría y astronomía; no era extraño que pensadores de la época mezclaran escalas musicales con cuestiones cosmológicas. Más adelante, no se limita a repetir anécdotas famosas: introduce cómo se pensó la relación entre sonido y color con Newton, que incluso consideró correlaciones entre las notas musicales y los colores del arcoíris.
Lo que aquí no se hace es presentar estos temas como “maravillas místicas”, sino más bien como caminos de pensamiento que personas muy diversas han seguido para intentar describir patrones. El enfoque es divulgativo, claro, con referencias concretas a hechos históricos y desarrollos conceptuales, y sin perder de vista que estamos hablando de fenómenos que tienen explicación física y matemática, aunque también evocan sensaciones.
De Pitágoras a la física moderna
Una de las virtudes del libro es cómo consigue que la evolución de ciertas ideas sobre sonido y proporción no se vea como una progresión lineal (ya sabes, “primero esto, luego aquello”), sino más bien como una red de conversaciones en distintas épocas. Te enteras de por qué el intervalo de quinta perfecta era tan central en el pensamiento clásico, o cómo los primeros fisiólogos acústicos empezaron a descomponer sonidos complejos en componentes simples. Y de ahí el salto a la física que estudia la estructura del universo —sin forzar, pero sí mostrando que hay ecos conceptuales entre ambos terrenos.
Hay cierto alivio al leer cómo la autora no se corta en explicar también que algunos de estos vínculos son más metáforas heurísticas que conexiones estrictas. Por ejemplo, cuando se discute la idea de que los planetas “cantan” sus órbitas, se trata como una imagen conceptual que ayudó a abrir puertas, pero no como una afirmación literal. Este tipo de matices hacen que la lectura se aleje de la grandilocuencia y se mantenga en lo que realmente está documentado y discutido en la historia del pensamiento científico y musical.
Y sí, hay momentos en que la autora mete un chascarrillo (su tono tiene un toque de humor fino y ligero siempre) o ejemplos inesperados, lo que ayuda a mantener el ritmo sin que el contenido se vuelva tedioso.
…y sí, puede que la próxima vez que escuches tu canción favorita pienses en números tan simples como los que ya notaba Pitágoras… o puede que solo te den ganas de tararearla otra vez. Pero ya no serás nunca más el mismo oyente después de disfrutar La lira desafinada de Pitágoras.
