Las tres gracias pianísticas

Hay cuadros que tienen un significado especial en la vida de una persona, y no por sus cualidades estéticas, sino puede ser por lo que les evoca. 

Somos todos un eslabón final de una fina cadena de oro, que son los momentos y, sin darnos cuenta, estamos interconectados a nuestro pasado, a veces más de lo que pensamos, tanto que podemos reaccionar casi instintivamente ante un estímulo que nos retrotrae a una cuenta del collar temporal propio, del abalorio de tu vida.

Hoy os hablo de este cuadro donde cualquiera puede apreciar la calidad pictórica de mi amigo burrianense, el genio Traver Calzada, y en el que para vosotros será una escena popular (una de las muchas "fogueres" típicas de la costa mediterránea) y para mí está cargado de recuerdos.

¿Por qué lo traigo a colación? Resulta que hace poco han venido a estudiar desde La Rioja canto a Castellón en el curso de la coach vocal Isabel Villagar, de entre muchos jóvenes maravillosos, un matrimonio estupendo, de los que resisten al tiempo y mejoran las estadísticas con muchas décadas casados ya (y jóvenes interiormente, sin embargo). No, no pude evitar ofrecerme a acompañarlos a que conocieran esa especie de síntesis de la provincia que son sus cuadros en el hall de la Diputació de Castelló. Los que me conocen saben que soy andaluz al mismo tanto por ciento que valenciano y de ahí mi gen hospitalario, generoso y abierto...

Ni que decir tiene que quedaron maravillados con su perfecta técnica, con su toque real-surreal. Pude hablarles de varios de los músicos egregios de la provincia allí representados: Matilde Salvador, a quien tuve la suerte de conocer al final de su vida, Francisco Tárrega, nuestro "Albéniz de la guitarra", Juan Varea, cantaor flamenco, Leopoldo Querol, el insigne pianista, Abel Mus, violinista... También se nos aparecía la efigie de Salvador Seguí, a quien conocí cuando fui destinado profesor del Conservatorio Superior de Valencia. 

En el cuadro aparecen Paula, Alba y Miriam. Tres niñas anónimas. Tres de mis estudiantes más apreciadas. No diré sus apellidos para preservar su vida privada si así lo desean, aunque en sus vidas públicas descollen como afamadas compositora, profesora de música blogger y pianista. Al contemplar ese cuadro en concreto me vienen a la mente la elegancia al tocar de Alba, cuya personalidad siempre admiré, la pasión pianística indómita de Miriam, de sensibilidad y creatividad exquisita, y su naturalidad al tocar el piano, o esa especie de acorde parecido a l de si Mayor como especie de enfatización melódica a modo de sustitución de un acorde de dominante en do Mayor que propuso Paula muy convencida en una clase de acompañamiento una tarde perdida en la cadena temporal pretérita, en la joya que llevamos todos al cuello, metafóricamente, que son, como dije, los momentos de nuestra vida...

Me encanta recordarlas felices, trabajadoras, amigas, luchadoras e inteligentísimas las tres.

Veo el cuadro y veo lo que seguramente seguirán siendo, aunque habrá personas que no puedan escrutar su niña interior, ahí debería estar... Alba y su amor a la danza, a servir a los demás con la música y su finura, Miriam y su nervio musical, su fuerza expresiva y sus ganas de aprender, y Paula y su cerebro superior, su carismática sonrisa callada, siempre pensando y tramando nuevas conquistas sonoras...

Tres gracias rubensianas a lo meridional, tres virtudes y del piano virtuosas, ante todo tres personas, tres seres únicos, tres eslabones de mi pasado docente y vital.

¡Suerte, paz y felicidad en la música y la vida a las tres!