7/12/17

Lo más divertido. Anécdotas de pianistas, IV

Tengo muchas, pero una de mis favoritas fue una vez que fui a tocar a Alemania desde París.
Me desperté con tiempo antes de coger el tren y tenía una barba considerable que me quería quitar por completo. Por aquel entonces utilizaba una máquina de afeitar muy vieja que no funcionaba nada más que si la batería estaba ya por lo menos algo cargada y no mientras se estaba cargando. Mientras me estaba afeitando se quedó sin batería y me vi con un lado de la cara con una barba enorme y la otra completamente afeitada. Como tenía tiempo la puse a cargar y me tumbé a esperar escuchando música (recuerdo que era una sinfonía de Brahms porque así no me dormiría a pesar de haber madrugado). Me acabé (cómo no) durmiendo y encima me desperté justo para llegar con suerte a la estación. Me terminé de afeitar como pude y una vez dentro del tren me senté a respirar tranquilo cuando me di cuenta de que no me había llevado la maleta... El concierto era esa misma tarde y no me daba tiempo de ir a comprar ropa, osea que un organizador, un alemán enorme, me prestó ropa negra, a mí, español delgado de estatura media-baja.
Me vi tocando con la camisa arremangada y unos zapatos que me quedaban como 5 números más grande que los míos con alrededor de 6 pares de calcetines. En ese viaje me pasaron además más cosas raras que alargarían incluso más la anécdota, pero por lo menos el concierto no fue mal y estuve con unos buenos amigos.
JESÚS HERRERA

Hay varias, pero ahora mismo me viene a la mente una muy graciosa dirigiendo en el Teatro de la Zarzuela a la Orquesta de la Comunidad de Madrid. Eran obras sinfónicas de compositores españoles del XIX y la orquesta tenía un orden establecido en su programa y yo otro, así que cuando di el ataque de una de las piezas, que empezaba en la primera parte del compás, ellos tenían previsto tocar otra obra que empezaba en la segunda, por lo que me quedé solo, literalmente. Ante la confusión y las risas del público, después de haber aclarado el malentendido con el concertino, me dirigí al respetable y les dije: “Esto es lo que en la profesión se conoce como un solo de batuta”.
MIQUEL ORTEGA


Es una experiencia rara el que se te caigan al suelo los pedales del piano en el escenario cuando estas tocando el 4º concierto de Rachmaninoff (me pasó en Inglaterra…)
JOAQUÍN ACHÚCARRO