2/7/17

Los exámenes de piano, según Roberto Barbacci

Después de leer hace décadas el famoso libro que dedicó a la memoria musical el profesor de piano chileno Roberto Barbacci Cattochio, un auténtico adelantado a su tiempo, cayó en mis manos el volumen "La enseñanza del piano", de 240 páginas, editado en Lima. 

Subtitulado "Consejos a los noveles profesores y otros estudios pedagógicos", es uno de los libros más difíciles de encontrar (casi imposible hallar información sobre este gran pedagogo que quiero reivindicar con este texto) y de los mejores que hay sobre esta materia, a pesar de estar escrito en 1948, lo sorprendente es lo vigente que pueden estar todas sus apreciaciones, y más aún, lo visionario de las mismas.

Os dejo unos fragmentos del capítulo "Los exámenes y la clasificación en la pedagogía musical":

"Los exámenes nunca han permitido valorizar debidamente el grado de madurez intelectual de un músico... Academias y Conservatorios... los multiplican con absurdo criterio burocrático y los basan precisamente en todo lo que menos pueden servir: en la clasificación de la retentiva momentánea y la presencia de ánimo frente al jurado. Los exámenes han llegado así a convertirse en la única finalidad de todo el proceso educacional... Todo les está subordinado: programas de estudio, didáctica, metodología, horario...Los alumnos y los profesores desarrollan el programa (de por sí deficiente en todo sentido) con exclusiva mira a su finalidad práctica e inmediata... 

Si a esto se agrega qué Jurado y Director no tienen ni idea aproximada de la realidad musical práctica, se tendrá una completa idea de lo nocivo de los exámenes (a veces trimestrales!!) de algunos Conservatorios. Pero el examen en sí mismo adolece de tantas fallas que lo invalida completamente para la función que se lo destina.... en ningún caso representa una prueba práctica de lo que será su profesión. Se hace del examen lo que dijo un educador: "un permiso para olvidar"... Examínese a un egresado 6 meses después del examen final...En consecuencia el examen resulta siempre una prueba desagradable y su resultado injusto.

Quitándole solemnidad al acto, se le quitan muchos defectos al examen. Si es el sólo profesor habitual el que examina, el mal es mucho menor; pero el profesor no necesita examinar. Bien sabe él lo que valen sus alumnos. Todas las clases son para él pequeños exámenes y no necesita de nueva prueba para que él mismo decida lo que ya tiene que ser su opinión largamente formada y meditada... D. Francisco Giner de los Ríos, en su ensayo "O educación o exámenes" decía estas palabras: "Si por examen se entendiese la constante atención del maestro a sus discípulos para darse cuenta de su estado y proceder en consecuencia, ¿quién recharazaría semejante prueba, sin el cual no hay obra educativa posible? Pero justamente las pruebas académicas a que se da aquel nombre constituyen un sistema en diametral oposición con ese trato y comunión constante". 

La escuela musical oficial tiende al examen... Calderaro lo dijo. "Una escuela mal organizada necesita examen; una escuela con examen tiene que estar mal organizada"... Y los mismos alumnos de los conservatorios oficiales comprenden lo inútil y nocivo del examen cuando dejan de estudiar sendas lecciones porque no se acostumbra exigirlas en el examen... La supresión completa de todo examen no podrá sino resultar un beneficio en la educación musical oficial". (págs. 171-174)