4/6/17

Improvisando sentimientos con el piano

Ya sabemos que una clave de la enseñanza es la educación de las emociones. 

La literatura científica sobre esta temática nos ha enseñado que es de hecho una pieza clave del futuro de las personas y de la pedagogía misma que va a diferenciar a los países que dedican esfuerzo a tratar estas cuestiones y los que no (conseguirán generaciones venideras más sanas emocionalmente, luego más inteligentes, luego económicamente más potentes)...

Creo que sería interesante trabajar desde los primeros momentos (no hay que dejarlo para últimos ciclos de la enseñanza pianística) la improvisación, esa música que uno descubre, genera, saca "de dentro" basada en pequeños motivos que el alumno puede transformar en su manera de interpretar, variar, etc... hasta lograr asociarlos a diferentes estados anímicos.

Por ejemplo, doremifasol asociado tradicionalmente a alegre podría llevarse a veinticinco estados emocionales diferentes simplemente haciendo veinticinco cambios diferentes en esa "palabrita musical".

(Del mismo modo que no suena igual la palabra libertad pronunciada por un preso después de permanecer en prisión veinticinco años que por un neonato, por un académico de la lengua que por uno que empieza a pronunciar nuestro idioma, y existen otras palabras parecidas pero nunca iguales: libertinaje, liberación...)

Cuestiónate: ¿a qué "suena" doremifasolbemol?
¿a que "suena" do silencio re silencio mi silencio?

Búscalo, pruébalo en la siguiente relación de emociones:

alegre
caprichoso
preciso
entusiasmado
triunfal
danzarín
juguetón (scherzo)
divertido

triste
fúnebre
patético
suspirante
torpe

agitado
tembloroso
sorpresivo
marcial
alado
tempestuoso

tranquilo
armonioso
pastoril
somnoliento
pasota

lírico
sentimental
cantable
tierno
sensible

claro
oscuro
agridulce

Inspirado en el capítulo: "Caracteres interpretativos" de Contenidos de la técnica pianística, de Albert Nieto.