26/4/16

Rafael Orozco. El piano vibrante


Así se llama esta novedad editorial tan esperada, en la editorial Almuzara, donde se editó recientemente también una obra dedicada al pianista Glenn Gould, pues viene a llenar un cierto hueco respecto a la dimensión de este grandísimo, imponente pianista cordobés-internacional de poderío técnica soberbio e impactante musicalidad, que así era Rafael Orozco.  En palabras que pronunció este pianista: "me gustaría que así como se conoce en Alemania, en Austria..., se me llegue a conocer aquí, en mi tierra". Esta obra divulgativo-musical es una herramienta potentísima para ello.

Tuve el privilegio de poder escucharle en directo, como ya reseñé en esta misma página, en el comienzo de su gira con su Iberia, así como he tenido el privilegio de recibir unas lecciones en un curso de su biógrafo, autor de este pulcro libro que deriva de una tesis sobre el genial intérprete, el catedrático de piano Juan Miguel Moreno Calderón.

Orozco vivió su periplo musical en una búsqueda constante de la autenticidad y la expresividad. Podría calificarse como una especie de "huracán", de titán del piano, de ejemplo de pianista singular, único, de artista en el pleno sentido de la palabra. Ya interpretaba obras cimeras del repertorio internacional antes de sus quince años, como Triana de Albéniz. En este vídeo lo escuchamos en una etapa madura interpretando Beethoven:
En el libro, prologado por el compositor Tomás Marco, de quien Orozco fue intérprete de una de sus obras, lleva en su pórtico también una semblanza escrita por el catedrático de la Universidad Rey Juan Carlos, Luis Palacios Bañuelos, encontraremos un repaso de los principales hitos concertísticos de su vida, con introducciones muy pertinentes sobre el contexto histórico-cultural y musical de las principales ciudades donde residió así como es una fuente magnífica sobre las principales críticas que iba recibiendo en sus actuaciones. Sus profesores (su propia tía, Carmen Flores, Cubiles, Weissenberg, Curcio, principalmente), sus amistades, sus managers, los concursos y conciertos... van desfilando por la obra, culminando un retrato muy perfilado.

De especial interés el capítulo de su encuentro con Weissenberg (me encanta la cita en la que se observa su integridad musical: "todas las escuelas de música imponían los mismos cursos, empleando exactamente los mismos métodos (...). No se presta atención a las habilidades individuales de los estudiantes. Es imposible, bajo tales circunstancias, sacar lo mejor de cada uno de ellos, pues están simplemente conducidos como en cintas transportadoras" (pág. 59), todo una muestra de su ahínco en la persecución de la autenticidad, la personalidad, la creatividad de este gran intérprete. Muy interesante también el capítulo dedicado a la intrahistoria del concurso de Leeds, que ganó, con cierta polémica, explicándose la postura de los distintos miembros del jurado. O su participación en la sonorización de la película The Music Lovers:
Certero es el capítulo sobre Iberia, una de sus interpretaciones magistrales (página 246), esa visión musical andaluza-cosmopolita, en palabras de Orozco, no muy pródigo en escribir en medios de prensa. Puedo corroborar lo que salió en prensa sobre que nunca se había escuchado más bravos que en aquella noche, tras su primera interpretación pública de la obra cumbre de Albéniz, en la que me hallaba presente, aquel memorable concierto en el Teatro Falla. Yo fui uno de los que lo aclamé, fue una versión preciosa y preciosista, rica en voces interiores y de una vitalidad rítmica inigualable.

De señalar también las fotografías aportadas en el libro (muchas del archivo del autor) y las páginas finales sobre su estilo interpretativo y la discografía, esa veintena de discos tan difíciles de localizar en la actualidad. ¡Animo desde aquí a las discográficas a que los reediten! Y espero disfruten los amantes de la música española con la lectura de esta preciosa obra, homenaje a un pianista excepcional que sigue vivo en el recuerdo de tantos melómanos.