21/11/15

Tocar era su pasión... Glenn (Gould)!

Nos hallamos ante una novedad editorial muy, muy interesante. Su autor es el andaluz Alejandro Castroguer. Está en la editorial Almuzara, su título es "Glenn", sin apellido. A todo el mundo le viene a la mente a quién nos referimos, al Glenn más famoso de la historia. Y no es Miller, ni Close, ni Ford, ni el más reciente personaje de ficción Rhee, ni el astronauta que tenía esa palabra como apellido. Aunque en la wikipedia aún no le reconozcan como tal... Hablamos del pianista internacionalmente conocido G. Gould! (no confundir con Goulda, como en la interesante anécdota de Eduardo del Pueyo:)
Sin perífrasis, me ha encantado. Es un libro redondo, perfecto, como una fuga bachiana. Un libro pensado para músicos y no músicos, y rezumando estilo, muy musical. Sentido y al mismo tiempo estructurado, porque las obras maestras siempre están generadas desde la emoción y la razón, sopesadas por igual. De frases breves casi siempre, como verdaderos motivos musicales, ráfagas sonoras que van dejando huella en el lector/oyente, engarzándose como sujetos, contrasujetos, etc... de una construcción viso-sonora. Y es importante prestarle atención, porque van y vienen, se alejan y vuelven, como en una obra musical, por eso la memoria es crucial al leer esta novela o escuchar cualquier obra de Johann Sebastian Bach.

Así está escrito, inspirándose en las Variaciones Goldberg bachianas que eran tan queridas del pianista referido. Reproduce con el mismo número de capítulos la misma estructura de la obra, incluidas las barras de repetición de la partitura (como separaciones dentro de los capítulos). Como las grandes obras literarias (por cierto, en su portada figura en letras mayúsculas, pero en tamaño humilde, diminuto, que ha obtenido recientemente el Premio Jaén de Novela, sobremanera merecido, por eso debería lucirlo, a mi modo de ver, más grande, con verdadero orgullo de compositor genial:), esta sinfonía pianístico-literaria está escrita con primor, con una adjetivación impresionante e impresionista...

Plena de metáforas y personificaciones, es un gran aria, en términos generales, pues la parte de recreación interior, de deleite en los sentimientos sobrepasa a la parte narrativa, a la acción, al recitativo, podríamos decir. Variaciones sobre un aria, capítulos estáticos con gran profusión de emociones, sobre el dinamismo subyacente del motivo descendente y profundo de las variaciones, como leitmotiv, que en el caso de esta novela, podría ser la observación desde dentro y desde fuera de la vida del pianista canadiense, conocer su faceta más intrínsecamente humana.

Glenn Gould por Glenn Gould, en la imaginación de Castroguer, no exenta de una investigación bio-bibliográfica exhaustiva: casado con el piano modelo CD318, divorciado de su público... Las relaciones y "no relaciones" que entreteje con su entorno. Su excentricidad vital y pianística (no estar en el centro, en los tiempos que corren en un mundo "desnortado" -Gould hizo mucha radio en busca del Norte- y observando la "fauna" humana que nos rodea, puede ser de lo más aconsejable incluso:), su hipocondria, su solipsismo, su modo de vivir un poco eremita y ermitaño, su ser reacio al contacto gratuito (algo que comparto con él:) hasta el punto que un abrazo de un empleado de la compañía Steinway le costó una lesión de su hombro izquierdo, con su consiguiente denuncia y reparación económica (en torno a diez miel euros), su histrionismo musical incluso...

Todo aparece en esta novedad editorial. Porque, al contrario de lo que figura en la portada, no es "el mejor pianista de todos los tiempos", ni mucho menos, pero sí es un pianista creativo, distinto, original al doscientos por cien, y eso ya es suficiente para entrar en la galería de la eternidad, en el Parnaso Pianístico, si es que existe, que es posible que no, porque todos los rankings de pianistas son subjetivos, confeccionados por monos humanos, y la música está por encima de todo eso. Tener personalidad tocando el piano es algo escaso y por ello raro -en el sentido inglés de único, valioso- (te puede gustar más o menos esa "personalidad" pero no se puede poner en duda su carisma sonoro).
Debo reconocer que, como soy tan curioso, no pude evitar comenzar por el final :) Y creo que me vino bien. Así me fue más fácil degustar la novela, especie de nueva "La Colmena" a lo Cela. En ella se musicalizan muchas escenas de su vida, podemos entrar, supuestamente, a veces, en la misma mente del pianista (cómo pudo sentir los pasajes de su existencia)...

Me encantó que por la obra estuvieran deambulando tranquilamente, como por su casa, sus animales, a los que tanto amaba, su terranova, su gran danés y especialmente su collie... pues no por no ser humanos no son seres dignos. Y Glenn siempre quiso poner un criadero de animales, su sueño infantil... A ellos les escribe una carta postal (pág. 77) o les canta tranquilamente a unas vacas (pág. 138), etc... Son uno más y ese amor y conexión con la naturaleza es admirable y digno de imitación por todos los que pasamos y paseamos efímeramente por este planeta!

Una vez leí (lo siento, no he podido encontrar el estudio) que los pianistas que estudian mucho la música de Bach (o la barroca en general) eran mejores conductores de coches como media que el resto. En el libro asistimos a momentos en que Gould conduce cual pianista que troca las voces. Tiene mucho sentido: atender a esa "polifonía" de mandos y situaciones en la carretera, de estímulos simultáneos, tiene mucho que ver con tocar una fuga a cinco voces, por ejemplo, donde cada dedo tiene un papel independiente y primordial y todos son igual de importantes (prueba a no frenar o no cambiar de marcha cuando la conducción lo requiere;)

En el libro los puntos de vista van tornando de un capítulo a otro desde el omnisciente hasta el subjetivo, incluso habla con voz de mujer en uno de ellos, quizá, a mi juicio, porque la interrelación entre los hemisferios derecho e izquierdo, eso que caracteriza tanto a hombres y mujeres, es algo propiamente típico de la interpretación barroca con su textura horizontalmente multilineal y al mismo tiempo vertical, su tejido de interrelaciones en todos los sentidos y planos. Incluso podemos "verle" en sus clases con su profesor, Alberto Guerrero y explicándose la técnica del "golpeteo".

Pues este libro es un verdadero tratado de polifonía y diría que hasta de contrapunto. Una obra meditada, mesurada (hasta en las dimensiones de cada capítulo, para asemejarlas a las duraciones de las distintas partes de las Variaciones Goldberg). Y podéis saber más sobre su encuentro con Bernstein, su opinión sobre el regreso de Horowitz, cómo se alejaba de sus "admiradoras" (algo que también comparto con el canadiense;)...

Genial el final, a lo Brossa, con poesía visual, porque el aria al escucharse por segunda vez ya no se escucha igual, ya no se siente igual, "no te volverás a bañar dos veces en el mismo río," diría Heráclito... Ha bajado mucha agua durante las Goldberg y durante la novela, de ahí que haga esa diferencia en la página 261 respecto de la 14. Los grandes pianistas interpretan así, no tocan igual la exposición que la reexposición! Un bravo enorme para Alejandro Castroguer por captar tantas sutilezas.

Y todo, con el lago Simcoe de fondo de pantalla, de imagen subconsciente todo el libro, de gran motor, en su quietud, de metáfora infinita sobre la existencia (de Glenn Gould y de todos). Sentémonos en su eterna silla, la que le construyó su padre, la desvencijada, a contemplar el paso del tiempo, aquello que da sentido a la música y es asimismo un reflejo del universo. Mikrokosmos musical y Makrokosmos vital juntos en un devenir literario virtuoso!