9/1/15

Dreams, un sueño musical hecho realidad, de Carlos Bermudo

He disfrutado muchísimo -y sigo haciéndolo- escuchando, o debería decir, sinestésicamente, "paladeando", "degustando" el trabajo del maestro de jazz sevillano formado en EEUU Carlos Bermudo, un guitarrista excepcional, en su CD Dreams, en conjunción con un sexteto que empasta a la perfección formado por Pedro Cortejosa al saxo tenor como artista invitado, Dani Cano al viento metal, Nacho Botero a los saxos soprano y tenor, así como al clarinete bajo y Javier Ortí al saxo tenor. La sección rítmica se completa con Marcos Northern (pseudónimo por razones discográficas) y Alexis Mendoza.

Como el propio intérprete/compositor (de los cuatro primeros temas en este último caso) dice en la carpeta interior de Dreams, en texto bilingüe y con diecicéis fotografías, son auténticas "mantas acústicas" por lo bien que envuelven y cobijan con su mullida dinámica, tan adaptativa y acoplable. Una guitarra ensamblada a la perfección en, dentro, junto, dialogando con... una original agrupación, un combo con gran riqueza tímbrica que queda patente en todos los temas del disco. Incluso hay momentos en que Carlos toca... la flauta! 
Los ejes que vertebran este primer disco como solista de Carlos Bermudo son un excelso virtuosismo melódico, maravillosos arreglos y esa exhuberancia creativa que no se ve exenta de equilibrio, pues la guitarra no tiene un papel solista al uso sino que forma parte del conjunto, se une íntimamente al mismo. Estamos ante una gran obra de condensación, de aquilatación, digna de escuchar con muchísima atención ya que, podríamos decir, es el fruto de una vida de estudio.

Y para seguir con la metáfora culinaria inicial, nada mejor que el primer tema de Dreams, que se titula "Desayuno", con su "marco" de efecto percusivo inicial y final, su sutileza, su armonización original. Sigue "Claudia", en clave de jazz-waltz, a la flauta al principio. "Querido amigo" más fresco, con resabios latin, complejo y directo. Y, no podía faltar otro título "suculento" como es el cuarto tema "Merienda", más reposado inicialmente, con toques misteriosos armónicamente, formalmente muy trabajado, como su final...

Además de estas cuatro primeros temas propios, en su segunda parte, tras pasar esa especie de ecuador sonoro que es la breve libre improvisación del tema "Wake Up", -debo reconocer que es uno de mis predilectos-, encontramos versiones de Horace Silver, Chick Corea y Jimmy Rowles. Son "Summer in Central Park", "Tones for Joan's Bones" y "The Peacocks", covers que se constituyen en verdaderos broches sonoros en los que demuestra nuevamente su impresionante dominio y creatividad musicales.

Trabajos tan meditados, tan pacientes y tan ricos como éste merecen ser aplaudidos con generosidad, tanta como la que rezuma de cada nota del disco, y no son pocas, pero son "las justas". Un obra muy recomendable para los amantes de la improvisación auténtica, sincera y profunda. Un disco que recoge una gran variedad dentro de su unidad, un clásico a atesorar en la discoteca de todo apasionado por el lenguaje jazzístico.