13/9/14

Comentando las Conversaciones sobre música de Furtwängler

Hoy comento el libro que he acabado de "degustar", ya en su tercera edición, número 232 de la ed. Acantilado, muy ágil de lectura por el número de páginas, poco más de cien, aunque denso de concepto, no en vano Alemania es una de las patrias filosóficas por excelencia. Ha recibido excelentes críticas que podéis consultar en este enlace.

Conversaciones sobre música reune siete textos a modo de diálogos, aunque las preguntas realmente son mínimas, las intervenciones de Wilhelm son todo menos parcas, charlas-conferencia que podríamos englobar en el epítome de estética de la música y de la interpretación musical. Son sus enunciados, en orden, 


Influencia de la obra musical en el público

Distintas dificultades en la interpretación musical

Lo dramático en las composiciones de Beethoven

Acerca de la Novena Sinfonía de Beethoven

La creatividad en la interpretación

El compositor y la sociedad

Y

Ensayo sobre la música tonal y la atonal

Además de un prefacio del editor primero y postfacio. Ni que decir tiene que no glosaré capítulo a capítulo, me limitaré solamente a comentar algunas ideas que me han llamado la atención bien por su belleza o por su singularidad.

Las obras clásicas son en su momento peor interpretadas que hace cincuenta años (escrito en 1937). Las románticas las considera más fáciles. Podríamos pensar que cada época genera su propio modo, su propia techné y una vez cambiada esta técnica es habitual ver el pasado con las "gafas" actuales. Poco después se extendió y proliferó la interpretación filológicamente fundamentada y el director que tanto halo romántico imbuyó en sus interpretaciones de música no romántica seguramente habría disfrutado con este devenir :)

El Intérprete tiene una tarea más espiritual que física. Impresiona más la voz del hombre que interpreta que su técnica. Estas ideas tienen sentido dentro de un mundo de músicas discursivas, es decir, cuando el intérprete -y el compositor también- tienen "algo" que decir, contar. En el s. XX ciertos compositores quisieron despojar al intérprete de su lado más profundamente humano, emocional, participativo, etc... intentándolo convertir en un mero ejecutante, "sin voz ni voto". Lo triste es que en la actualidad ha cundido este concepto y hay muchos pianistas que realmente confunden atletismo musical con música y olvidan un propósito profundo que cada obra encierra, a tenor de cómo vierten las obras, con recursos técnicos sobrados y cero mensaje, cero sinceridad, cero profundidad, cero sentimiento... Créanme que no exagero, más de uno habrá quedado indiferente ante ciertas "exhibiciones sónicas" ;)

Los temas de Haydn y Beethoven experimentan desarrollos orgánicos, "como un personaje de Shakespeare" dice. Viene de lo anterior, si la música lleva a algún sitio (compara la tonalidad con la geografía, tiene un camino, un sentido lineal) el oyente está preparado psicológicamente para captar esas transformaciones que podría denominar naturales, propias de seres vivos. Una obra compuesta con cuatro "corta-pega", un pastiche deslavazado, "pegotes sonoros" que no tiene en cuenta las posibilidades orgánicas de los temas íntimamente relacionadas con las posibilidades y capacidades perceptivas de los seres humanos (cuánto puede memorizar, asociar, reconocer, cuánta capacidad de crear expectativa...), una obra no orgánica, en suma, difícilmente será bien recibida por un público compuesto, no lo olvidemos, por seres HUMANOS, con todas su organicidad, valga la redundante evidencia. Cierto es que el público prefiere escuchar lo que ya conoce, pero esto no es razón suficiente para que se le ofrezca siempre de "comida" un menú no sano que habitúa el paladar a lo no deseable...

Es más frecuente que un intérprete estropee la interpretación de una obra buena que mejore la de una mala. Sobran los comentarios. En todo caso habría que enseñar a los alumnos a mimar todo tipo de obras, al margen de su calidad estética. Siempre se puede embellecer más un cardo más, y aunque la mona se vista de seda... musicalmente la prefiero con seda :)

El público sucumbe al efecto de una obra, aunque el efecto importante es el que provoca a largo plazo. Luego la perspectiva temporal es la clave, parece que hay una especie de filtro por el cual la historia acaba conservando aquello que merece más la pena, al margen de la mucha o poca fama que tuvieran ciertas obras en su momento. 

Cita a Goethe: "si alguien tiene algo que decirme debe hacerlo claro y simple. Ya tengo bastantes complicaciones dentro de mí" a colación de la apariencia o fachada de las obras, lo exterior de las mismas. Realmente es difícil separar lo exterior de lo interior en música, pues lo exterior determina bastante lo interior, aún así supongo que quiere abogar por la música que no necesita virtuosismo extremo para manifestarse, por la música que intenta trascender, no sólo quedarse en un mero fuego de artificio, un ejercicio de armonía simple y sin dirección musical, adornado de aparataje sonoro, de arpegios y escalas rápidos y fuertes sin sentido (eso que muchos pianistas confunden con "tocar bien"), aboga, pues, por la claridad de expresión, prefiere una obra directa, que usa los recursos mínimos para expresar su contenido!

En los conciertos no debe haber más improvisación de la necesaria, ni tampoco menos. Me llama mucho la atención el lugar importante que le concede al sentido vivo de la interpretación musical, del directo, improvisado en el sentido de toma de contacto con la misma esencia de la creación, por eso considera que los ensayos son importantes, pero no debe haber ni demasiados ni demasiado pocos. Los justos para que esa energía de la música no sea "asesinada", permítaseme la expresión, por un exceso analítico y pueda fluir como inicialmente fue generada.

Por lo tanto considera al intérprete como alguien que realiza el recorrido exactamente inverso al creador, el intérprete volvería "a dar vida" a la improvisación que generó el proceso creativo dando lugar a lo escrito posteriormente. Luego la verdadera música es más sonido presente con intención antes que papel ejecutado. Considera la improvisación "el sentido de la forma real" y no le parece que algo ajeno a la propia música, un andamiaje que pudiera ser un texto o imagen tenga que ser única y necesariamente soporte suficientemente estable. Cree en la música como lenguaje inmanente por ende, autónomo. Esto presupone oyentes formados, verdaderos "escuchantes". 

Defiende como misión del intérprete la concentración en la obra, no en sí mismo, cree que un director nunca debe posar. Estoy total y absolutamente de acuerdo. Presenciamos últimamente una generación de pianistas-mimo-efectistas, pianistas que están más preocupados de su imagen que de su sonido, que parece que les interese más su "selfie" que su misión de comunicación. Pianistas que posan para el público en vez de prestarse como vehículos para revivir mensajes sonoros profundos. Superficialidad, monitos de feria versus seres que empatizan con una obra y la vierten. La moringanga vacía de sentido, sin conocimiento, sin justificación es la epidermis de la música. La música es algo más, para Wilhelm Furtwängler y para mí, que concuerdo, aún a riesgo de ser tachado de romantico :) también.

Una técnica estandarizada crea un arte estandarizado. En esto parece que fue visionario, nada más que hay que echar una ojeada a los centros académicos donde se intenta perpetuar una concepción del sonido anquilosada...

La prensa hace suya con mucho ahínco la causa de algunos compositores. Deben buscar lo bello, lo no nuevo. Concuerdo con estas afirmaciones, aunque parezca que abordan sólo una parte de la realidad por lo que tienen de certeras, de dar en una diana. El paso del tiempo -mucho tiempo probablemente- volverá a quitar protagonismo a muchos de los supuestos héroes del presente y se lo dará a quien lo merezca una vez pasados los intereses terrenales, esas pasiones que tanto confunden, que tanto ciegan a los monos-hombre en su paso efímero por la existencia. Y ahí quedarán las obras de los que no buscaron la novedad por la novedad, que en sí poco aporta, y aquellos que se centraron en lo íntimo, lo profundo, lo esencial, lo sincero, lo especial, lo único, lo bello en sentido amplio, incluyendo lo no bello, pero teniendo claro que su misión no era simplemente combinar sonidos sino expresar... Es de extrañar que corone un capítulo con palabras que reflejan que el verdadero artista es el hombre del amor, no de la inteligencia analítica. Creía que los poderes realmente creativos del ser humano lo son en el estado de inocencia. Seamos niños en esta vida, aprendamos de ellos para nunca envejecer. Furtwängler lo tuvo muy claro y sus interpretaciones aún "vibran", aún son "vitales"!