21/8/14

Intromisiones acústicas en el hogar

Es curioso, no dejamos entrar a nadie en lo que se puede considerar (en derecho) un recinto sagrado, privado, infranqueable en general, nuestro hogar .

Recuerdo una vez mi lucha contra una entidad bancaria que abrió frente a mi casa -por cierto, ya cerró- y puso unos neones parpadeantes que molestaban por la noche especialmente. Hice uso de mi diplomacia y previo arsenal legal de consultas en mi ayuntamiento para tener claro que las disposiciones legales estaban de mi parte, finalmente conseguí que dicha "invasión lumínica", proyecciones de imágenes no deseadas en las paredes de mi hogar, cesase. 

Pues resulta que el sonido puede atravesar aún más fácilmente tu recinto, aunque esté muy acondicionado acústicamente (totalmente es casi imposible, siempre puede "venir" un sonido de altos decibelios del exterior y penetrarlo).


Es verano, las campanas pueden ser molestas (en tanto que ruidos, entendidos como sonidos no deseados que pueden forzarte a escuchar cada 15 minutos, no exagero, es la frecuencia con la que las tocan programadas por ordenador), no digamos los cláxones de los coches o trailers, o hasta competiciones de músicos callejeros con el espectáculo ancestral de la cabra que sube una escalera... He llegado a presenciar verdaderas "disputas" por ver qué músico expulsa de su territorio "sónico" al otro...

Entrañable me parece (por lo difícil de escuchar, hacía años que no lo oía hasta hace poco) el "pito del afilador" (también conocido en algunos lugares como "castrapuercas"! Ese chiflo singular, especie de flauta de pan-silbato... Para los jóvenes que no han conocido este oficio, se trata de un señor (generalmente) que iba por los pueblos anunciando su llegada con unas escalas graciosas, generalmente ascendentes. Salías a la calle y le entregabas los cuchillos viejos y desgastados y los afilaba con el movimiento de su bicicleta o ciclomotor posteriormente.