1/4/14

´La enseñanza superior no deja de salir del limbo administrativo-legislativo en el que ha estado tradicionalmente´, Juan Miguel Moreno Calderón

ENTREVISTA A JUAN MIGUEL MORENO CALDERÓN, Catedrático de Piano y Teniente Alcalde de Cultura del Excmo. Ayto. de Córdoba

¿Cuál es la primera experiencia que recuerda con la música?
Escuchar a mi madre tocar el piano. Recuerdo especialmente la Patética y la Waldstein. Era profesora del Conservatorio de Córdoba y por eso era frecuente escucharla en casa tocar y también cantar arias de ópera y zarzuela acompañada de la que luego sería mi profesora. En esos primeros recuerdos está también mi padre, que era muy melómano y ponía música cada vez que podía, sobre todo música sinfónica y ópera. Son recuerdos muy bonitos, que me hicieron crecer con la gran música siempre presente.

¿Qué personalidad musical cree que le influyó más en su carrera?
Como a muchos pianistas de mi generación, Rafael Orozco, que en aquellos años setenta estaba en el momento más alto de su carrera internacional y al que mis padres conocían desde niño. Me marcó tanto que a la postre dedicaría mi tesis doctoral en la Universidad Rey Juan Carlos a tratar sobre su vida y su carrera. También me marcaron otros pianistas que me deslumbraron en la niñez y juventud: Rubinstein, Richter, Weissenberg, Ashkenazy, Barenboim, Argerich, Pollini…

¿Cuál era el estilo o el compositor que más le gustaba estudiar de joven?
El repertorio romántico y la música española. Disfrutaba mucho con Chopin, Liszt y Schumann, entre los románticos, y con Albéniz, entre los españoles. También me inculcó mi profesora, Teresa García Moreno, especial cariño por los impresionistas.

¿En qué repertorio se siente más a gusto en la actualidad?
Bueno, hace años que dejé de tocar en público, pero como es lógico no dejo de estudiar, desde Mozart a los rusos. Quizás me puede más mi faceta de profesor, que debe abarcar lo más posible.

Cuéntenos, por favor, alguna experiencia o anécdota que le venga a la memoria que tenga que ver con el piano (en algún curso, o concierto...)
Cuando tenía diecisiete años conocí a Bashkirov y di varias lecciones con él. En una, con el Scherzo op.20 de Chopin, me dijo que la cabeza me sirviera para algo que más que para sujetar las gafas, pues estaba tocando de forma alocada. Entonces, sin saber por qué, ya que estaba muy nervioso, me quité las gafas, y entonces Bashkirov empezó a reírse de forma ostentosa… ¡Menos mal que lo tomó con humor!

¿Qué opina de la situación actual de la enseñanza del piano y la música?
Lamento no poder ser más optimista, pero el panorama es inquietante. Hace más de veinte años que no se convocan oposiciones a cátedra, los conservatorios tienen problemas de infraestructuras, personal, escasos recursos… Y lo peor, es que la enseñanza superior no deja de salir del limbo administrativo-legislativo en el que ha estado tradicionalmente. Ni está en la Universidad, ni fuera disfruta de un estatus equivalente… En fin, son demasiados gobiernos ya los que he visto pasar con muy buenas intenciones y poco lo avanzado para situarnos al nivel de los países de Europa que están a la vanguardia en este ámbito.

¿Cuáles son sus músicos favoritos?
Hay muchos a los que admiro. Entre los que viven, siento gran atracción por Barenboim, me encantan pianistas como Sokolov y otros rusos que siguen la estela de Richter, Gilels, Berman y Ashkenazy. Me apasionan las grandes voces: Domingo, Caballé o, entre los ya desaparecidos, Pavarotti, Callas, Renata Tebaldi, Victoria de los Ángeles… Y del flamenco, que me gusta mucho, tengo una enorme admiración por Miguel Poveda. En fin, hay tantos artistas admirables, que es difícil quedarse con unos pocos.

¿Cree que es útil conocer recursos sobre improvisación? ¿Por qué?
Sí, es una de las principales carencias que hemos tenido los músicos clásicos, frente a otros como los de jazz. Hay que estimular la imaginación, saber manejar la mayor variedad de recursos rítmicos, melódicos y armónicos, y no conformarnos sólo con ser buenos intérpretes. En el pasado, los compositores y los pianistas tenían grandes dotes improvisadoras, pero a medida que se fue avanzando en la especialización, parece que todos nos hemos conformado con ser una cosa u otra, y el músico debe manejar las herramientas del sonido y de su instrumento más allá de conocer bien cómo se llega a la reproducción textual de una partitura. Cuando uno interpreta una obra de Chopin o Debussy, debe ceñirse a lo escrito, naturalmente. Ésa es la labor del intérprete. Pero eso no está reñido con tener la capacidad técnica suficiente para dar sostén a nuestra propia creatividad. Tuve un profesor, Emilio Molina, que me inculcó esto y creo que es muy cierto.

¿En qué medida cree que es necesaria la creatividad para el pianista?
En la misma que el lenguaje lo es para el escritor. Mientras más amplias sean nuestras miras y nuestras vivencias sensitivas con la música, propia o ajena, más recursos tendremos como intérpretes.

¿Qué proyectos musicales tiene en mente realizar?
Bueno, ahora estoy metido en política. Soy teniente de alcalde de Cultura del Ayuntamiento de Córdoba. Cuando vuelva a mi cátedra, reemprenderé el trabajo con los alumnos y mi vocación por conocer mejor la historia del piano y los pianistas.

¿Qué consejo o recomendaciones daría a los que empiezan ahora a estudiar el piano?
Que elijan bien el profesor con el que van a trabajar, pues esto puede ser decisivo. Y que sepan que hay que tener una gran vocación, porque el piano es muy exigente. No valen las medias tintas. Además de eso, hay que empaparse de música, aprender del canto. El sentido del fraseo debe estar presente desde el comienzo. El piano nos debe servir para cantar, para transmitir emociones.  

¿Quiere añadir algo más sobre su relación con la música?
Que no entendería mi vida sin ella.