29/11/13

Eduardo del Pueyo/Miguel Baselga, IV

Siempre confundía a Glenn Gould con Friederich Gulda. Y para distinguirlos me preguntaba “¿Cómo se llama ese pianista que toca algunas cosas muy bien y muchas muy mal?” Y yo le contestaba sin dudar: ¡Gould! A lo cual asentía “Ése, ése”. La mejor descripción que he oído del canadiense. Lo clavaba.
Detestaba (y creo que con razón) esa manera de tocar con aspavientos, movimientos del tronco, ondulaciones en la muñeca y en los dedos como si el piano fuera un instrumento que puede vibrar. El show en resumen. Y por encima de todo, las patadas en el suelo al cambiar el pedal. Eso le sacaba de quicio. Te fusilaba con la mirada cuando levantabas el talón del suelo “El pianista sólo tiene dos puntos de apoyo: los talones y las posaderas”. Fíjense que no citaba las manos como punto de apoyo. Preconizaba una postura casi inmóvil, hierática. Y es que para él el problema era que la mayoría de los pianistas ponían demasiado peso a la hora de tocar “…sobre todo las mujeres, no sé por qué. Probablemente por pensar que no van a tener suficiente fuerza…” Siempre usaba la misma comparación “Para bajar una tecla se necesitan unos 40 gramos. Dependiendo de la constitución del intérprete, entre mano, muñeca, brazo y antebrazo, codo y hombro tienes entre 3 y 5 kilos. Peso no te faltará nunca hijo”. Dicho de otra manera, lo difícil no es tocar forte sino piano. De ahí que siempre recomendaba estudiar piano “así aumentará tu paleta sonora”. Y de paso te ahorras una tendinitis. Bingo.

“Nunca he tenido alumnos superdotados. Pero sí que he tenido muchos padres de alumnos superdotados”. Ya entenderá el lector por dónde van los tiros. Socarronería baturra.
De todas formas también tenía sus rarezas. Entonces para mí eran cosas incomprensibles, me parecían caprichos de anciano. Ahora 20 años después, empiezo a captarlas. Las semi corcheas en El Puerto por ejemplo: me mandaba hacer seisillos, directamente. Aunque no lo ponga en el papel. ¿Explicación? Sencillísima: “Lo siento mucho, me gusta más”.
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