20/6/13

Cuando los músicos se olvidan del Pathos, por Vicente López Mateu, autor invitado

Ensayo y error,  repetir y repetir, hasta la saciedad, y cuando se han superado con creces las míticas 10.000 horas de vuelo, de repetir y repetir hasta el aburrimiento... Y cuando los vecinos están clamando al cielo por una mudanza...

Y entonces el músico, sí, tú entras en el secuestro que te ofrece la alquímica perfección, y te olvidas de la creación, no la de Dios, dios… te olvidas de tu creación, no de algo transcendente, te olvidas de crear transmitir la emoción, del pathos: ‘la íntima emoción presente en una obra de arte que despierta otra similar en quien la contempla.’ 

‘Así, la profundidad del objeto estético se define por la propiedad que tiene de afirmarse como objeto, pero también de subjetivarse como origen de un mundo. Y nosotros penetramos en este mundo por el sentimiento.’ Fenomenología de la Experiencia Estética, Mikel Dufrenne. 

Aunque me gusta huir de clasificaciones que lo único que consiguen es encorsetar la realidad, y en el caso que nos estamos zambullendo, la música, me encuentro con dos concepciones completamente contrapuestas y antagónicas respecto al significado de la misma:

1. La música ‘no significa nada’, ‘no tiene significado’, o lo que significa es algo puramente musical y no-descriptible  en términos no-musicales.


2. La música tiene un significado de tipo tal que posee en común con la vida, fuera de la música. 
‘Entre la rosa y el clavel, su Majestad escoja’. 

Yo, con coherencia con mi concepción del coaching como una metodología que favorece la transformación del ser humano a partir de un conocimiento de su esencia revestida de ‘pendejos’, un coaching ontológico, un coaching de liberación, entiendo la música alejada de ese purismo, esa ortodoxia propia de sociedades cerradas, de mundos privados, donde únicamente pueden acceder los iniciados, una especie de logia pitagórica. 

Para mí… 

… la música nos posibilita otra vía de aprehender la realidad, una vía donde se suman aspectos lógico-matemáticos y emocionales. Es un proceso alquímico de comunión con mi realidad. 

Ese es el reto que tiene el músico cuando se sienta en su banqueta enfrente de ese teclado-dentado, sintiendo la amenaza de ser devorado por una creatividad sin sentido, y que necesita rellenar ese vacío existencial con una cascada de excelencias musicales. 

¿Y tú qué piensas? 

Vicente López Mateu