10/5/13

L@s poetas ante la música: Juan Muñoz Rodríguez (R.I.P.)

Hoy traigo aquí con mucha emoción y cariño un escrito en prosa poética de mi querido "tercer" abuelito "adoptivo". Sí, siempre lo he dicho así, he tenido 3 parejas de abuelos. Cómo puede ser eso? Porque vivía cerca de mi casa una pareja de adorables ancianos (Aurora era su pareja) a la que llegamos a querer como si fuesen familia genéticamente emparentada. Tuve suerte de haber recibido esta dosis de "amor abuelil" extra :) Conservo este escrito que hizo en diciembre de 1985, mecanografiado y con dedicatoria y firma autógrafa. Leerlo es casi transportarse al modo de escribir y sentir, a la cosmovisión casi del siglo pasado. Mi madre guarda con esmero libros suyos mecanografiados que nos regaló. Espero que el tiempo haga justicia con este artista de la palabra que se expresaba con tanta elegancia.

Transcribo:

          "¡Oh, Dios mío... Cuánto me alegra oír las bellas notas del piano, instrumento sofisticado y maravilloso, que inspira a los corazones y despierta los sentimientos del alma!

          El piano es algo nuestro, que nunca falla, el artista que lo pulsa se entusiasma de alegría y queda maravillado cuando sus dedos recorren las teclas y le arrancan ayes profundos y armoniosos, que estremecen al auditorio que le oye y aplaude. El pequeño artista es precisamente un adolescente, que entusiasmado hace sonar las blancas teclas que esparcen fantásticos ayes profundos, de preciosas sonoridades, que resuenan largamente por el ámbito del salón.

          Este incipiente artista, Dios lo quiera, será con el tiempo una gran figura en el arte del piano, que así sea y el Todopoderoso lo guarde muchos años.

          Agustín Manuel Martínez, se llama este futuro músico del mañana, el mismo se sienta en el taburete del piano visiblemente emocionado y consigue que las notas que le arranca al instrumento retumben prolongadamente volando sus sones a los cuatro vientos cardinales. Para el joven músico el piano es su mejor amigo, su gran afición, su amor y su gloria. Para esta criatura el piano es un hermoso privilegio, que Dios ha querido enviarle desde el Cielo y bien que se lo merece al haberlo conseguido. Cuando resuenan las melodías de las notas resonantes de "La leyenda del beso", mi corazón y mi alma se estremecen de profunda impresión, y lágrimas candentes de entusiasmo y alegría resbalan por mis mejillas...

          ¡Alguien dijo que llorar es el mejor consuelo del alma y del corazón, porque precisamente llorar y cantar es amar...!

Dedicado a mi nieto adoptivo, con mucho cariño y amor sincero. 
J. Muñoz"