17/10/13

¿Se pierde público filarmónico por culpa de los músicos?, II, por Agustín Barahona, autor invitado, II


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Sin embargo, con mucha diferencia, el factor que entiendo como más perjudicial es el de la educación, pues cada vez más se ha ido bajando en los colegios la calidad de enseñanza a este respecto, identificando incluso la música clásica moderna con feísmos a veces inaudibles y fuera de toda emoción e interacción psicológica natural que permita a los oyentes noveles poder reconocer elementos estéticos coherentes que recordar, identificación ésta con ese tipo de feismos absolutamente falsa --una cosa es que la post-lítica [sic] haya tendido durante unas décadas a querer hacer ver que el futuro y la modernidad pasaba por hacer cosas incomprensibles y cuanto más lejos de la sensibilidad natural del público mejor, y muy otra el que ésa sea o haya sido la música «clásica» de nuestros días, algo imposible, por propia definición y algo que la propia historia muestra como falso, incluso proporcionalmente hablando--.

En los conservatorios la calidad de la enseñanza no sólo no ha disminuído sino que ha aumentado, no siendo así en muchos casos la calidad de la gestión de los equipos directivos que, salvo dignísimas excepciones, cada vez están más plegados a los deseos post-líticos [sic] y cada vez más dispuestos a un cohecho directo o en diferido, por no hablar de que la mayor parte de las decisiones tomadas en su seno son difícilmente defendibles en entornos verdaderamente intelectuales, cuadro todo éste que forma parte del corazón de una lacra social que está damnificando seriamente esas mejores posibilidades que como instituciones deberían tener los conservatorios al disponer de más y mejor formados profesores.

(Continuará)