8/9/13

La voluntad en el estudio del piano

A veces me gusta recordar cómo pensaba y sentía cuando tenía entre ocho y dieciocho años el piano, diez años seguidos de estudio diario, estudio sistemático, concienzudo...

Recuerdo que todos los veranos eran momentos especiales para trabajar sobre las teclas, buscando nuevos acordes, leyendo nuevas obras, avanzando obras que trabajaría en clase el siguiente curso, experimentando nuevas ideas técnicas, probando combinaciones diferentes... Solía venir de algún curso de piano realizado en cualquier parte de España y de haber conocido enfoques nuevos, pues el piano es un arte y ningún profesor tiene la verdad absoluta. Volvía siempre con mucha fuerza tras el curso y le dedicaba muchísimas horas a probar lo aprendido, a mejorar, digamos que mi voluntad se veía "reforzada"...

Mi profesor siempre me animó a conocer muchos otros profesores. Le hice caso y estoy muy contento de esta manera de enseñar, pues realmente sólo una persona segura de sí misma invita a sus alumnos a conocer el mundo, su diversidad. A mí me vino muy bien pues cada año más me enriquecía de beber de otras fuentes y cada año más admiraba a mi profesor porque me guiaba como un árbol, que crece flexible pero bien orientado.


Recuerdo que alguna vez me preguntaba a mí mismo si llegaría "al final" :) -Ahora veo que realmente no hay final y es bueno que así sea- 

Entiendo a los alumnos que se desaniman ante lo largo del camino del arte. Ya lo dice un adagio latino: ARS LONGA, VITA BREVIS, el arte es largo (si no infinito), la vida breve (como el título de la ópera de Manuel de Falla:) Mi misión como profesor, entre otras, es intentar reavivar esa primera llama de la voluntad, de la pasión, de la emoción primigenia que hizo que esa persona sintiera una atracción especial por la música.

(continuará)