28/11/12

Músic@s de nuestro tiempo. Entrevista a Carlos Marín Trigo

ENTREVISTA A: Carlos Marín Trigo, Maestro de Piano en la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, México 

¿Cuál es la primera experiencia que recuerdas con la música y/o el piano? 

Quizás suene a tópico, pero desde que tengo uso de razón recuerdo haberme sentido atraído por el sonido, y los objetos sonoros: como si se tratase de una curiosidad innata por conocer, explorar y experimentar el por qué del sonido y sus cualidades.

Mi primera experiencia con la música me llegó siendo yo muy pequeño aún, cuando un buen día me regalaron una armónica que, aunque en apariencia no tenga nada que ver con el piano, al menos satisfacía plenamente mi curiosidad innata por el sonido. Para mí era muy emocionante crear sonidos e "improvisar" mis primeras melodías, y la armónica se convirtió en mi compañero inseparable. Sin embargo, en otra ocasión, me regalaron otro instrumento más interesante, una "CASIO PT1" de color marfil. Un teclado de juguete, que me hizo dar cuenta de que lo que realmente me gusta son los instrumentos de tecla.

Concretando en el piano, mi primera experiencia la recuerdo como si me hubiera sucedido ayer: mi primera maestra de piano, en la primera clase que me dio, me puso tres estudios de Carl Czerny, dejándome muy claro que me los iba a revisar en la siguiente clase. Quizá fui demasiado obediente y, durante esa semana, pasé horas y horas estudiando para sacar los tres estudios a la perfección; pero el día antes de la clase todavía se me resistía uno de los tres estudios, ya que me salía demasiado lento. Estuve muy disgustado y apenado toda esa tarde. Al día siguiente, al llegar a la clase y presentar a mi maestra todo el trabajo de la semana, sentí un poco de miedo cuando ella me preguntó qué iba a hacer conmigo (yo pensaba que se refería a que llevaba un estudio lento), pero sentí mucho alivio cuando ella me explicó que esos estudios eran para trabajarlos durante el primer trimestre del curso, y yo los había sacado en una semana.

Ese día aprendí una de mis primeras grandes lecciones en la música: lo importante es el esfuerzo y el ímpetu con el que uno trabaja, lo demás viene por añadidura.

¿Qué personalidad musical crees que te influyó más en tu carrera? 

Por supuesto las mayores influencias en mi carrera fueron las de mis maestros y mis compañeros de clases, sin embargo, si nos referimos a algún compositor o intérprete reconocido, estaríamos hablado de Beethoven, pues para mí es una figura que siempre me ha causado una fuerte admiración.

¿Cuál era el estilo o el compositor que más te gustaba estudiar de joven? 

Casi cada año yo pedía a mis maestros que incluyeran algo de Beethoven en mis programas de clase (de hecho, en dos ocasiones en que tuve que estudiar sonatas de Mozart, me sentí un poco inconforme). En los últimos años, me gustaba incluir en mis programas las tres "B": Bach, Beethoven y Brahms.

¿En qué repertorio te sientes más a gusto en la actualidad?

Muchas de las obras que suelo interpretar son románticas o del siglo XX (quizá sea porque en este lapso se ha escrito la mayor parte del repertorio existente para el piano). Ni que decir tiene que, generalmente, en mis recitales suelo incluir obras nacionalistas españolas. También estoy estudiando en la actualidad obras de compositores mexicanos (aunque aún no me atrevo a presentarlas en público).

Cuéntanos, por favor, alguna experiencia o anécdota que te venga a la memoria que tenga que ver con el piano (en algún curso, o concierto...) 

Guardo muy buen recuerdo de algo que me sucedió en un curso sobre técnicas de estudio del instrumento musical, que tomé cuando iba en mi primer año de piano. Al llenar la solicitud había que marcar si uno quería ser participante u oyente. No hay que decir que yo marqué que quería ser participante; el único inconveniente es que sólo podían participar 20 pianistas de unos 300 que presentaron la solicitud. Para decidir quiénes serían los 20 elegidos, tendríamos que pasar una audición. Sinceramente, al ver que muchos de los aspirantes estaban en cursos más avanzados que yo y presentaban obras mucho más difíciles (yo llevaba preparadas la sonatina Op. 36, n° 3 de Muzio Clementi y una pieza del "Álbum para la Juventud" Op. 68 de Robert Schumann), hubo momentos en que estuve a punto de levantarme y marcharme. Quizá una de las razones por las que no lo hice fue porque tenía la curiosidad de sentarme a tocar, por primera vez en mi vida en un Steinway de concierto.

Mi mayor sorpresa es que, a día siguiente, cuando publicaron los resultados, yo estaba entre los seleccionados, y hasta se especificaba qué día y a qué hora iba yo a pasar a revisión.

Aprendí mucho en ese curso, sobre todo una doble lección muy importante en la vida de cualquier músico: por una parte, nunca sabes los criterios que tengan las personas para fijarse en ti, para seleccionarte, para aplaudirte, y por otra parte, que lo importante no es presentar la obra más difícil, sino presentarla lo mejor que se pueda interpretar.

¿Qué opinas de la situación actual de la enseñanza de la música? 

La música es algo innato al ser humano, quizá no sea necesario explicar en este momento los beneficios que conlleva estudiarla, aunque no sea con el fin de convertirse en profesional. Por ello considero que debe ser obligatorio llevarla desde la educación preescolar, y, para los que quieran ser profesionales, ofrecerles la posibilidad de estudiar un verdadero Bachillerato Musical, para poder integrar realmente sus estudios profesionales con los generales.

En la actualidad no sé cómo esté el panorama educativo en España, pues llevo casi ocho años fuera de mi país, si bien recuerdo que cada vez había una mayor demanda social por los estudios musicales. Aquí en México, pese a que hay mucha disparidad entre los distintos estados en cuanto a educación musical, también se siente un creciente interés por estudiarla. De hecho, en los últimos años, están aflorando las llamadas "orquestas infantiles", siguiendo y adaptando el sistema propuesto en Venezuela por el maestro José Antonio Abreu, por el cual se intenta socializar a las personas mediante la música.

¿Cuáles son tus pianistas favoritos?

Es una pregunta un poco difícil de contestar, a veces prefiero oír interpretaciones de determinados compositores por determinados pianistas: así pues, Alicia de Larrocha para la música española, Alfred Brendel para Beethoven... Pero si me tengo que quedar con uno, sin duda, Vladimir Horowitz: me gusta el dominio que tenía del piano, la aparente facilidad con que aborda los pasajes más difíciles y virtuosos, al mismo tiempo de la claridad y la limpieza con las que toca cualquier obra.

¿Crees que es útil a los pianistas conocer recursos sobre improvisación? ¿Por qué? ¿En qué medida crees que es necesaria la creatividad para el pianista? 

No sólo es útil, también es necesario. La improvisación es una herramienta que nos puede ayudar incluso para sacarnos de más de un apuro en un concierto en público. Implica, además, un profundo conocimiento de tonalidades, modulaciones, armonía, contrapunto, formas musicales, aparte, claro está, de un dominio técnico del instrumento. Es relativamente moderna, dentro de la historia de la música, la mentalidad de que hay que atenerse estrictamente a lo escrito en la partitura. Siempre ha existido la costumbre de los intérpretes de improvisar pequeños fragmentos en las obras que estuviesen tocando. Este hecho era más patente en los concierto para solista y orquesta, en los que se dejaba la "cadenza" a la libre voluntad e imaginación del solista.

La creatividad, en este aspecto, es importantísima, no sólo para el pianista, sino para cualquier músico. Las personas más imaginativas, son también más creativas y más lúcidas. En la música, incluso una interpretación de cualquier obra requiere creatividad, reflexión e imaginación.

¿Qué proyectos musicales tienes en mente realizar? 

Por una parte estoy preparando la obra "Noches en los Jardines de España" de Manuel de Falla. Es una obra que siempre me ha gustado mucho y desde hace algún tiempo tenía ganas de estudiarla. Ya sólo me falta una orquesta que quiera presentarla conmigo.

Por otra parte, estoy formando un dúo con la pianista letona Nika Jonicenoka, que, al igual que yo, reside en México. Es un proyecto que a penas está arrancando, y la idea es preparar un repertorio con obras de distintos estilos, épocas, compositores y géneros, tanto para piano a cuatro manos, como para dos pianos.

¿Qué consejo o recomendaciones darías a los que empiezan ahora a estudiar este instrumento? 

El mayor consejo es que luchen por lo que quieren lograr. El piano es un instrumento difícil, que requiere muchas horas de estudio y mucha coordinación. Los avances son aparentemente lentos, pero los resultados son tanto más excelentes cuanto mayor sea la dedicación del estudiante. Uno sabe que ser estudiante de música se trata de una vocación para toda la vida, ya que siempre hay una nueva obra que estudiar o una antigua que perfeccionar y madurar. Lo importante es que uno tenga claras sus metas y cada día sienta que se supera más y más para lograrlas. Para ello lo más importante es la disciplina y el hábito de estudio.

¿Quieres añadir algo más sobre tu relación con el piano?

Para mí el piano va mucho más allá de una simple profesión, es una vocación y una satisfacción que veo realizada cada día a través de mis metas y proyectos. Está presente en mi vida, tanto en los momentos buenos, como en los malos, y, además, sirve para expresar aquellas emociones que no se pueden expresar con palabras.