25/10/12

Grandes lecciones de grandes maestros: Howard Garner. Aportaciones sobre la belleza artística (y musical).

Hoy haré breves comentarios sobre la novedad editorial de Howard Garner "Verdad, Belleza y Bondad Reformuladas"-La enseñanza de las virtudes en el siglo XXI, de la editorial Paidós, libro que recomiendo a todos, así como todos sus anteriores traducidos al castellano:




La inteligencia reformulada
Mentes creativas
Mentes líderes
La nueva ciencia de la mente
Inteligencias múltiples -un best seller que revolucionó la pedagogía-
Mentes flexibles
Las cinco mentes del futuro
Educación artística y desarrollo humano -muy necesario en los contextos que nos movemos actualmente-

Howard Garner es una auténtica referencia para los docentes en el siglo XXI. De lectura necesaria especialmente para quien se dedique al arte, a su pedagogía, a la psicología, a la ciencia en general, etc... o simplemente tenga interés en saber cómo somos y cómo podemos llegar a ser...

De las tres virtudes básicas que alude en el prólogo me centraré en la central, la segunda (por orden editorial:) 

Pág. 62: "A buen seguro, no existe una única verdad absoluta, pero a pesar de las advertencias de los posmodernos, se percibe un proceso estimulante: un avance bastante continuo hacia otros conceptos más sólidos y más ampliamente aceptados de la verdad. Y aunque los nuevos medios generan nubarrones de presuntas verdades enfrentadas e incluso contradictorias, los individuos con suficiente criterio y capacidad de resistencia pueden llegar a formular juicios seguros, tal vez mejor fundamentados que los que podían alcanzarse en la era predigital".

De modo que vuelve a percibirse esta época como un periodo de transición vertiginosa, un mundo en constante cambio, un cambio interesante simplemente por el hecho de que te obliga a evolucionar con los tiempos. Esta brecha que está separando a los nativos digitales -que, ni queriendo, prácticamente les es imposible eludir esta condición en sus vidas cotidianas- de los que eligen situarse voluntariamente con el momento que le ha tocado vivir, la brecha se hace cada vez más grande. El concepto de verdad parece que ahora se hace más pragmático, más cambiante que nunca, y sobre todo, más democrático. Aunque efectivamente los individuos con más criterio instalados ya en el presente y con miras al futuro podrán formular juicios más seguros que los individuos instalados en la era predigital.

Pág. 62: "Es sensato concebir las obras de arte como productos de la imaginación humana no limitada por las verdades del mundo tal como se entienden habitualmente. En cambio, las obras de arte pueden someterse a un test de "autenticidad". Tales obras son auténticas en la medida en que captan o transmiten aspectos de la experiencia de un modo poderoso y evocador. (...) Dicho de otro modo, las artes representan maneras de conocer el mundo legítimas pero fundamentalmente distintas de las que operan en las disciplinas académicas, como la ciencia o la historia, o en las profesiones como el derecho, la medicina o el periodismo."

Y podíamos continuar esta última serie incluyendo la pedagogía. Luego el arte, la música, por ejemplo, es evaluable de manera diferente a la ciencia, en tanto que se expresa en un lenguaje propio. De ahí que, como hablé en un post anterior, considerar a Beethoven como un gran filósofo, es pertinente en tanto que este compositor transmite de manera "poderosísima y evocadora", como califica Gardner, aspectos de la experiencia que la ciencia aún no ha podido transmitir. 

Pág. 68: "Los oyentes musicales poco instruidos agrupan indiscriminadamente a todos los compositores románticos, porque las composiciones de cada género musical presentan algunos rasgos estilísticos en común. (...) Pero lo interesante de las artes, lo que más nos intriga y nos cautiva, son las diferencias entre Mozart y Haydn (y entre Schubert y Beethoven); las diferencias entre las sonatas para piano de Mozart y sus cuartetos para cuerda; e incluso, o tal vez especialmente, las diferencias entre dos interpretaciones distintas del concierto para piano en do menor (K 491), a cargo de dos músicos de renombre (por ejemplo, Glenn Gould frente a Michiko Oshida). No creo posible que el conocimiento del sistema nervioso o del genoma humano nos permita esclarecer cómo establecemos o evaluamos dichas diferenciaciones, a veces duraderas, y otras veces efímeras."

Interesantísimo párrafo, especialmente el final. Por partes: el cultivo de la audición crítica se hace cada vez más necesario. Educar el oído es fundamental, si no el primer paso, tanto para músicos, como para simples oyentes (es decir, para la humanidad completa:).

Me congratulo mucho de llevar haciendo esto en la asignatura de "Evolución de la Interpretación Pianística" que creé hace muchos años y seguir haciéndolo. Lo verdaderamente interesante de este párrafo es el final: de nada sirve intentar aplicar métodos que por su propia esencia no nos producen conocimiento clarificador de algo de naturaleza diferente; para decirlo en palabras llanas, es como querer conocer cómo es una patata utilizando un telescopio o conocer cómo es un agujero negro con un microscopio. Ni usando el aparato correcto llegamos a penetrar en todos los aspectos de su realidad. La sutileza de la música no es fácilmente "reducible", "cuantificable", "medible" científicamente. Su magia se escapa fácilmente. La música es arte. Como tal se expresa en su propio lenguaje.

Las pequeñas diferencias entran dentro del terreno de lo personal, de la historia de percepciones musicales de cada individuo, que son subjetivas, únicas, por eso pueden ser efímeras (en función de si tiene una mente abierta, flexible, con esquemas neuronales ricos y preparados para adaptarse constantemente). Evaluar estas pequeñas diferencias que los músicos con buen oído captan entre dos versiones de una misma obra no es posible mediante el conocimiento científico, aunque la ciencia nos provea de instrumentos, maneras de analizar, y conocimientos provisionalmente seguros, etc... siempre serán visiones parciales de las obras artísticas, que per se pueden tener permanencia en el tiempo.

Pág. 94: "El concepto -asimismo dramático- de artista solitario y aislado, que trabaja afanosamente en una buhardilla para producir una obra maestra desconocida, será cada vez más anacrónico (al igual que los científicos individuales dan paso a amplios equipos de investigadores a menudo anónimos que trabajan en grandes centros de investigación)."

Nota a navegantes: únanse y muestrense! :)

Pág. 95: "En definitiva, nuestra "historia" de la belleza difiere notablemente de nuestra "historia" de la verdad."

Luego que nadie se arrogue la capacidad de determinar o fijar la cercanía de ambos términos de una manera estricta o rígida.

Pág. 96: "(...) debemos centrarnos en las variaciones que surgen -de forma deliberada o accidental- y esperar a ver cuáles embelesan a cada persona que esté inmersa en el mundo de las artes. Aunque converjamos cada vez más hacia la verdad, nuestras propias experiencias de la belleza divergirán cada vez más de las experiencias ajenas."

Es un hecho esto último. Me gusta la palabra "variaciones" porque implica aceptar la diversidad. Me gusta la palabra "embelesan" porque implica reacción emocional. Me gusta la palabra "converjamos" porque implica que al final del camino puede haber más unión que en la actualidad (pido a quienes no quieran caminar hacia adelante que se retiren del camino, simplemente por hacer un favor a la humanidad, además de por cortesía, pido que el egoísmo no les nuble la visión). Me gusta la palabra "propias" porque habla del necesario respeto a la individualidad. Y me encanta la palabra "divergirán" porque habla de que todo evoluciona y tenemos (unos más, otros menos) la capacidad de mejorar, transformarnos y enriquecernos como personas durante el transcurso de nuestra existencia.